‘El graduado’ (1967) se estrenó como la película más taquillera del año en Estados Unidos, con casi 105 millones de dólares recaudados, y convirtió a Dustin Hoffman en una estrella de la noche a la mañana. Lo que casi nadie recuerda hoy es que el papel estuvo a punto de ir a parar a Robert Redford, que el propio Hoffman cobró una miseria por protagonizarla, y que la actriz que interpretaba a la mujer mayor que seducía a Benjamin Braddock tenía, en realidad, prácticamente la misma edad que él.
Doris Day, Ingrid Bergman, Ava Gardner: todas dijeron que no antes que Anne Bancroft
Antes de llegar a Anne Bancroft, el director Mike Nichols barajó una lista larguísima de actrices para interpretar a la señora Robinson: Doris Day, Ingrid Bergman, Eva Marie Saint, Ava Gardner, Patricia Neal, Susan Hayward, Deborah Kerr, Rita Hayworth, Lana Turner y Geraldine Page pasaron todas por la consideración del equipo. Doris Day llegó a recibir una oferta formal y la rechazó porque el papel exigía escenas de desnudo que la incomodaban. La primera opción real de Nichols ni siquiera era estadounidense: la actriz francesa Jeanne Moreau, elegida por el tópico —muy asentado entonces en el imaginario del cine— de que las mujeres francesas mayores «iniciaban» a los hombres jóvenes. Nada de eso cuajó, y el papel acabó en manos de Bancroft, que entonces tenía 36 años.
«¿Alguna vez te han rechazado?»: por qué Robert Redford no consiguió el papel
Para el papel de Benjamin, el gran favorito inicial era Robert Redford, que llegó a hacer una prueba de cámara junto a Candice Bergen en el papel de Elaine. Nichols lo rechazó por un motivo muy concreto: no creía que Redford pudiera transmitir de forma creíble la inseguridad y la sensación de fracaso que el personaje necesitaba. Cuando Redford insistió para que reconsiderara la decisión, Nichols le hizo una sola pregunta: «¿Alguna vez te han dado calabazas con una chica?». Redford respondió, sin ironía, «¿qué quieres decir?» — y esa respuesta, más que cualquier otra cosa, confirmó a Nichols que no era el actor adecuado. «Ese es exactamente mi punto», le contestó. Charles Grodin, otro de los favoritos, rechazó el papel dos veces por el sueldo que ofrecía el productor (500 dólares a la semana); cuando le subieron la oferta, lo rechazó de nuevo, esta vez porque no se veía capaz de preparar una prueba de cámara de la noche a la mañana — años después reconocería que, con solo tres días más de margen, probablemente habría aceptado y el papel habría sido suyo. Y hasta Burt Ward —el Robin de la serie de televisión de Batman— llegó a sonar informalmente para el papel antes de descartarse por su compromiso con la serie. Dustin Hoffman, que no se parecía en nada a la descripción física del Benjamin de la novela original —un universitario alto, atractivo y de rasgos protestantes—, llegó a la audición con un aspecto tan descuidado que el propio productor lo confundió con el limpiador de ventanas del edificio. Hoffman mismo ha reconocido después que, en su opinión, la decisión de Nichols de darle el papel fue «muy valiente», precisamente porque él era judío y notablemente distinto al tipo de protagonista que solía protagonizar ese tipo de comedia romántica. Varias críticas de la época, de hecho, le describieron con adjetivos poco amables sobre su nariz y su voz nasal, en lo que él mismo ha calificado más tarde de antisemitismo velado.
Solo seis años separaban a los amantes de la pantalla
Una de las cosas que mejor vende la película en pantalla —la distancia generacional entre Benjamin y la señora Robinson, y entre la señora Robinson y su propia hija Elaine— es, en los hechos, bastante menos real de lo que parece. Anne Bancroft y Katharine Ross, que interpretan a madre e hija, se llevaban solo ocho años en la vida real. Y entre Bancroft y Hoffman, los actores que interpretan a la amante y al joven seducido, había menos de seis años de diferencia de edad. El maquillaje, la puesta en escena y la propia interpretación de Bancroft —constantemente descrita por la crítica de la época como «la mujer mayor» por antonomasia del cine americano— hicieron el resto.
La película más taquillera del año, y su protagonista cobrando el paro
El detalle que más sorprende, sin embargo, tiene que ver con el propio Hoffman. Por protagonizar la película que acabaría siendo el mayor éxito comercial de 1967, Hoffman cobró 20.000 dólares — una cantidad ya modesta para el papel principal de una producción de ese calibre. Después de impuestos y de pagar el alojamiento temporal durante el rodaje, le quedaron solo 4.000 dólares netos. Cuando ese dinero se acabó, antes incluso de que la película llegara a los cines y de que el público descubriera quién era, Hoffman tuvo que solicitar el subsidio de desempleo del estado de Nueva York, cobrando 55 dólares semanales mientras vivía en un apartamento de dos habitaciones en el West Village de Manhattan. Semanas después, su cara estaba en las marquesinas de medio país.
