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No existe un montaje sin censura de ‘Scarface’, porque la versión que ves en cines fue la original: así se saltó Brian De Palma la calificación X

La MPAA calificó la película como X hasta cuatro veces por su violencia. Brian De Palma ganó la apelación con una versión ligeramente recortada, y después hizo algo que la propia MPAA nunca llegó a controlar del todo.

No existe un montaje sin censura de 'Scarface', porque la versión que ves en cines fue la original: así se saltó Brian De Palma la calificación X

‘Scarface’ (1983) se estrenó como una película con calificación R en Estados Unidos, la misma que llevan la mayoría de películas de acción para adultos. Lo que muy pocos espectadores sabían entonces —y lo que sigue generando confusión hoy, más de cuatro décadas después— es que la versión que llegó a los cines no era la que había aprobado finalmente la MPAA. Era, en realidad, la que Brian De Palma quería desde el principio.

Cuatro intentos, cuatro veces calificada X

A finales de 1983, apenas unas semanas antes del estreno previsto, la Motion Picture Association of America calificó ‘Scarface’ con una X por «violencia excesiva y acumulativa, y por el lenguaje». En aquella época, antes de que existiera la actual NC-17, una calificación X era prácticamente una sentencia de muerte comercial: las televisiones y radios se negaban a emitir sus anuncios, muchos periódicos no publicaban su publicidad, y buena parte de las cadenas de cines directamente no las proyectaban.

De Palma presentó un primer montaje recortado. Calificación X de nuevo. Presentó un segundo montaje, todavía más recortado. X otra vez. Llegado a este punto, el director se negó a seguir cortando y le dijo a Universal Pictures que estrenaran la película tal cual estaba o que lo despidieran y buscaran a otro que hiciera los cambios que ellos querían. El estudio no estaba dispuesto a ninguna de las dos cosas, así que optó por una tercera vía: apelar la decisión ante el comité completo de la MPAA.

La apelación que ganó por goleada

El presidente del estudio, Robert Rehme, acudió a la vista, presidida por el entonces presidente de la MPAA, Jack Valenti —amigo personal de Rehme—. A favor de la película declaró el jefe de la división de crimen organizado del condado de Broward (Florida), defendiendo el realismo del retrato del narcotráfico. El crítico Jay Cocks leyó en la sala una carta de apoyo escrita por el mismísimo Roger Ebert. El responsable de una gran cadena de cines, Alan Friedberg, defendió que la película era perfectamente aceptable con una R. Richard Heffner, responsable de la junta de calificación, reconoció años después que podría haber presionado más para mantener la X, pero que notó que Valenti no respaldaba esa decisión y prefirió no forzar un enfrentamiento. El resultado de la votación fue una victoria aplastante a favor de la calificación R.

El truco que la MPAA nunca llegó a pillar del todo

Aquí es donde la historia da su giro más curioso. De Palma consideraba que, si ese último montaje recortado merecía una R, entonces su versión original —apenas distinta— también debería haberla merecido. La MPAA le respondió, en esencia, que no forzara la suerte: solo la última versión presentada contaba oficialmente como R, ninguna otra. Pero De Palma llegó a la conclusión de que los recortes que había hecho eran tan mínimos que nadie notaría la diferencia si simplemente distribuía la versión original sin cortes. Y eso es exactamente lo que hizo.

El propio director lo confirmó años después en una entrevista: «Conseguí vencer a la junta de calificación con ‘Scarface’. Aunque la calificaron con una X, pude apelar ante todo el comité y conseguimos que pasara. Hay mucha controversia sobre cómo se montó ‘Scarface’, pero en realidad, todo lo que corté para contentar a la junta de calificación lo volví a meter, y eso es lo que se ve en pantalla». Por eso, contra la creencia popular que lleva décadas circulando entre fans de la película, nunca ha existido un «montaje del director» separado de la versión estrenada en cines: la versión que ves en cualquier plataforma hoy ya es, literalmente, el montaje del director.

Una frase que resume la actitud de De Palma

Poco después del estreno, De Palma concedió una entrevista a la revista Esquire en la que dejó una de las declaraciones más recordadas —y más provocadoras— sobre toda esta polémica: «En cuanto consiga esta dignidad con ‘Scarface’, voy a salir y hacer una película porno de suspense calificada X (…) Estoy harto de que me censuren (…) Así que si quieren una X, van a tener una X de verdad». La amenaza, en realidad, se quedó en eso: su siguiente proyecto, ‘Body Double’ (1984), terminó recibiendo una calificación R sin mayores incidentes.

Cuarenta años después, con Al Pacino convertido en icono absoluto de la cultura pop gracias al personaje de Tony Montana, la batalla por la calificación de ‘Scarface’ sigue siendo uno de los episodios más citados en la historia de la censura cinematográfica estadounidense: no porque la película terminara mutilada, sino precisamente porque no lo hizo.

La escena que más problemas dio

El foco de la disputa con la MPAA se centró, sobre todo, en la escena del cuarto de baño en la que un traficante es torturado con una motosierra. De Palma, fiel a un recurso ya clásico del cine de terror que Alfred Hitchcock había popularizado décadas antes, nunca llegó a mostrar en pantalla el momento exacto en el que la sierra corta un miembro: la cámara se aparta, el sonido y los gritos hacen el resto, y es la imaginación del espectador la que termina de completar la escena. Aun así, los salpicones de sangre sobre la pared y el rostro de otro personaje bastaron para que la junta de calificación considerara la secuencia excesiva en sus primeros montajes, pese a que la violencia explícita en pantalla es, en realidad, mucho menor de lo que el recuerdo colectivo de la película sugiere.