Hay películas que te advierten desde el primer fotograma que no vas a salir indemne. Frankenstein, la versión de Guillermo del Toro para Netflix, es una de ellas — y si alguna vez amaste algún monstruo de ficción más de lo que deberías, esta es tu película.
Oscar Isaac interpreta a Victor Frankenstein con la obsesión fría de quien cree que la ciencia puede sustituir al duelo. Jacob Elordi, bajo capas de maquillaje prostético, da vida a la Criatura con una vulnerabilidad que ha hecho que varias críticas lo señalen como lo mejor de la película — Variety llegó a describir su interpretación como «física y emocionalmente devastadora». El papel iba a ser originalmente de Andrew Garfield, que tuvo que abandonar el proyecto por problemas de agenda derivados de la huelga de actores de 2023; el cambio, visto el resultado, terminó siendo un regalo para Elordi.
Del Toro llevaba toda la vida esperando esta película
No es casualidad que la adaptación se sienta tan personal: del Toro ha repetido en entrevistas que Frankenstein, de Mary Shelley, es la novela que marcó su infancia y su obsesión de toda la vida por los monstruos incomprendidos. Esa devoción se nota en cada decorado, en cada criatura mecánica, en la manera en que la cámara se enamora de lo grotesco antes de pedirte que sientas compasión por ello. Mia Goth interpreta a Elizabeth Lavenza y Christoph Waltz da vida al inquietante Harlander, completando un reparto que convierte cada escena secundaria en un pequeño espectáculo.
La película se estrenó en la Competición Oficial del Festival de Venecia, donde recibió una ovación de pie de trece minutos — de esas que ya anuncian que algo importante acaba de pasar en la sala. Tras un breve paso por cines, llegó a Netflix el 7 de noviembre, así que ahora mismo está disponible para cualquiera que tenga una suscripción y un par de horas libres para dejarse destrozar emocionalmente con elegancia.
Lo que distingue a esta versión de las docenas de adaptaciones anteriores es que del Toro no está interesado en el terror fácil. Su Frankenstein es, por encima de todo, una historia sobre la paternidad rota, sobre lo que le debemos a lo que creamos y abandonamos. La Criatura de Elordi no da miedo: da pena, y después da rabia, y al final da ganas de abrazarla — exactamente la trayectoria emocional que Mary Shelley diseñó hace más de dos siglos y que pocas adaptaciones han sabido respetar tan bien.
Del Toro es, ante todo, un cineasta de decorados y maquillaje práctico antes que de ordenador — la misma sensibilidad que ya demostró en El laberinto del fauno o La forma del agua, con la que ganó el Oscar a mejor película. Esa querencia por lo artesanal se nota en cada plano de esta producción, una de las más ambiciosas que Netflix ha financiado hasta la fecha. El resultado es una de esas películas que parecen pensadas para verse en pantalla grande, no en el móvil mientras se hace otra cosa.
¿Ya la viste en Netflix? ¿Te ha dejado tan tocada como a media internet, o prefieres todavía la novela original?
