‘Superman’ (1978), la película que convenció a toda una generación de que un hombre podía volar, empezó con uno de los actores más caros del reparto intentando convencer a los productores de que ni siquiera necesitaban verle la cara. La primera reunión de Marlon Brando con los productores Alexander e Ilya Salkind, para hablar del papel de Jor-El, el padre de Superman, no fue precisamente lo que esperaban.
Una maleta verde, o quizás un bagel, con la voz de Brando
Según recoge la biografía de referencia sobre el actor, Brando propuso a los Salkind que Jor-El apareciera en pantalla como un objeto inanimado con su voz de fondo: primero sugirió una maleta verde, y después, como alternativa, un bagel. La idea horrorizó a los productores, que necesitaban un nombre de peso en los créditos para justificar el presupuesto. Fue el director Richard Donner quien, a base de halagos, logró convencer a Brando de que interpretara el papel él mismo, con su propio rostro, aunque fuera por un puñado de escenas al principio de la película.
Doce días de rodaje, cero líneas memorizadas y 19 millones de dólares
Cuando por fin firmó, Brando impuso condiciones que hoy siguen citándose como ejemplo de contrato blindado: cobró un salario de 3,7 millones de dólares más un 11,75% de la recaudación en taquilla, lo que acabó sumando unos 19 millones de dólares en total, y se aseguró de que todas sus escenas se rodaran en un máximo de doce días. Además, se negó a memorizar ni una sola línea de diálogo: el equipo tuvo que repartir chuletas con el guion (cue cards) por todo el plató para que Brando pudiera leerlas mientras actuaba. El propio actor defendió después que no era pereza, sino una forma de que sus frases sonaran más naturales y menos ensayadas. Gene Hackman, contratado pocos días después para dar vida a Lex Luthor, cobró 2 millones de dólares por su parte, una cifra que también se consideró generosa en su momento pero que quedó eclipsada por la de Brando. El propio protagonista, Christopher Reeve, cobró solo 250.000 dólares por las dos primeras películas juntas, pese a que fue él quien más transformó su cuerpo para el papel: rechazó ponerse un traje musculado de relleno y se sometió en su lugar a un régimen de entrenamiento físico intenso que le hizo pasar de 85 a 96 kilos durante la preproducción y el rodaje. El crítico Roger Ebert, que valoró la película con la máxima puntuación, resumió la desproporción salarial con una frase que se ha repetido durante décadas: bromeó con que a Brando le habían pagado «medio millón de dólares por cada tópico» que pronunciaba en sus escenas como Jor-El.
La demanda de 50 millones que le borró de la secuela
La historia no terminó bien entre Brando y la productora. Convencido de que le habían escamoteado parte de su porcentaje sobre la recaudación real de la película, el actor demandó a los hermanos Salkind y a Warner Bros. por 50 millones de dólares. El conflicto legal tuvo una consecuencia directa sobre el resto de la franquicia: todo el metraje ya rodado de Brando para ‘Superman II’ se retiró de la versión que finalmente dirigió Richard Lester, y el personaje de Jor-El desapareció casi por completo de la secuela estrenada en 1980. Brando no volvería a aparecer en pantalla como Jor-El hasta que Bryan Singer recuperó parte de aquel metraje original, dos décadas después, para ‘Superman Returns’ (2006), ya con el actor fallecido. Con el tiempo, el propio Richard Donner reconoció públicamente que consideraba a Brando «subpagado» pese a la cifra astronómica, dado lo determinante que resultó su nombre para conseguir financiación y prestigio a un proyecto que, hasta entonces, nadie en Hollywood se tomaba del todo en serio como género.
El otro protagonista silencioso: el truco óptico que hizo posible volar
Mientras Brando cobraba una fortuna por doce días de trabajo, el verdadero reto técnico de la película era otro: cómo conseguir que Christopher Reeve pareciera volar de verdad. El equipo probó primero un sistema de control de movimiento por cámara, pero no funcionaba porque los movimientos de Reeve no podían repetirse de forma idéntica en cada exposición. La solución final combinó la técnica de proyección frontal con teleobjetivos de zoom especialmente diseñados: mientras la cámara hacía zoom sobre Reeve, la imagen proyectada de fondo se alejaba, creando la ilusión de movimiento. El sistema, bautizado después como Zoptic, fue la base técnica del eslogan publicitario de la película, «You’ll believe a man can fly» («Creerás que un hombre puede volar»), y de buena parte de las escenas de vuelo que definieron la estética de todo el cine de superhéroes que vino después.
