La película ‘Defensa’, dirigida en 1972 por John Boorman, contiene uno de esos momentos que se graban en la memoria colectiva desde el primer visionado. Cuatro amigos de ciudad que deciden hacer una ruta en canoa por un río salvaje de Georgia se topan con una realidad rural áspera y hostil. Entre los pasajes más memorables destaca el conocido duelo musical entre uno de los protagonistas y un joven local. La secuencia no solo define el tono incómodo del largometraje, sino que oculta una compleja trastienda técnica de rodaje.
El hallazgo de un rostro que encajaba en el estereotipo
El director de casting Lynn Stalmaster recibió el encargo de encontrar a un chico joven para interpretar al personaje de Lonnie en el filme. En un principio, la búsqueda se orientó hacia actores infantiles que cumplieran con una serie de rasgos físicos muy específicos relacionados con el aislamiento geográfico. El elegido fue Billy Redden, un chico de 15 años que no contaba con experiencia previa en la interpretación ante las cámaras. Aunque el equipo buscaba inicialmente un perfil determinado, Redden encarnó a la perfección la imagen que el realizador británico quería transmitir sobre la América profunda. Su presencia física marcó por completo una secuencia que hoy sigue asombrando a los espectadores actuales por su crudeza.
La trampa visual del duelo musical
El principal escollo durante el rodaje de la secuencia radicaba en una carencia artística evidente por parte del joven intérprete principal. Billy Redden no sabía tocar el banjo en absoluto, lo que hacía imposible rodar los planos sin que el engaño fuera evidente. La solución consistió en colocar a un músico local llamado Mike Addis agachado y completamente oculto justo detrás del asiento del chico. Addis introdujo su brazo izquierdo por la manga de la camisa de Redden para pulsar los trastes con precisión mientras el actor movía únicamente la mano derecha. Los operadores de cámara seleccionaron con extrema cautela cada ángulo para evitar que el doble quedase al descubierto ante el objetivo cinematográfico.
Técnicas superpuestas que nunca llegaron a coincidir
El complejo engranaje musical de la escena incluye además una curiosidad técnica sobre el sonido final que escuchan los espectadores hoy en día. El músico oculto que manipulaba el mástil utilizaba la técnica conocida como clawhammer, que prescinde por completo de las púas tradicionales en los dedos. Sin embargo, la melodía real que aparece en la banda sonora fue grabada de forma totalmente independiente por los músicos Eric Weissberg y Steve Mandell. Estos profesionales emplearon el método de tres dedos característico de Earl Scruggs con el uso de accesorios metálicos en las manos. En la pantalla se visualiza un sistema de ejecución instrumental que difiere por completo del sonido que realmente entra por los auriculares o altavoces.
Una autoría que también hubo que reclamar ante un juez
La pieza que suena durante el duelo, hoy conocida como ‘Dueling Banjos’, ni siquiera nació para el cine: se llamaba originalmente ‘Feudin’ Banjos’ y la había compuesto en 1955 el músico Arthur «Guitar Boogie» Smith. Cuando ‘Defensa’ llegó a las salas en 1972, los responsables de la producción no reconocieron su autoría en los créditos de la banda sonora. Smith terminó llevando el caso a los tribunales para defender el origen de su composición, y la demanda prosperó: recuperó el crédito de compositor y los derechos de autor que le correspondían por una melodía que, gracias a la película, se había convertido en un fenómeno por derecho propio. La grabación que suena en pantalla, a cargo de Eric Weissberg y Steve Mandell, llegó a ganar el Grammy a la mejor interpretación instrumental country en 1974, dos años después del estreno del filme.
Desmintiendo el mito sobre su protagonista
Con el paso de los años, alrededor de la figura de Billy Redden se consolidó una leyenda urbana persistente que aseguraba que padecía una discapacidad intelectual real. Esta creencia errónea se vio alimentada por la propia naturaleza áspera y marginal que su personaje transmite en la ficción de la gran pantalla. Las verificaciones posteriores realizadas por portales especializados demostraron que el actor no sufría ningún tipo de trastorno cognitivo ni autismo en su vida diaria. Su contratación obedeció exclusivamente a criterios estéticos y visuales por parte del equipo de dirección. Tras ‘Defensa’, Redden apenas volvió a trabajar en el cine: apareció en ‘Blastfighter’ (1984) y, casi tres décadas después, Tim Burton lo buscó expresamente para ‘Big Fish’ (2003), donde volvió a interpretar a un personaje tocando el banjo, esta vez en el papel de un vecino de la utópica ciudad de Spectre. El resto del tiempo lo pasó trabajando como cocinero y friegaplatos, y más tarde como copropietario de una cafetería en Clayton (Georgia), el mismo condado donde se rodó la película. Él mismo ha reconocido públicamente que apenas vio dinero de un papel que lo convirtió en una de las caras más reconocibles del cine de los setenta, una desproporción entre fama y beneficio económico que sigue acompañando su historia medio siglo después del estreno.
