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El secreto de ‘Casablanca’ que ni Humphrey Bogart ni Ingrid Bergman conocían mientras la rodaban

Cuando empezaron a rodar 'Casablanca' en 1942, nadie en el plató sabía cómo iba a terminar la película, ni siquiera sus protagonistas. Ochenta y cuatro años después, ese caos sigue explicando parte de su magia.

El secreto de 'Casablanca' que ni Humphrey Bogart ni Ingrid Bergman conocían mientras la rodaban

Warner Bros. Pictures / Wikimedia Commons

Hay una anécdota de rodaje que circula desde hace décadas sobre ‘Casablanca’ y que, a diferencia de tantas leyendas de Hollywood, resulta ser cierta: cuando Michael Curtiz empezó a rodar la película en mayo de 1942, el guion no estaba terminado. Ni Humphrey Bogart, ni Ingrid Bergman, ni Paul Henreid sabían cómo iba a acabar la historia mientras la interpretaban.

Un guion que llegaba página a página

La película partía de ‘Everybody Comes to Rick’s’, una obra de teatro sin estrenar que Warner Bros. compró y puso en manos de los guionistas Julius y Philip Epstein y Howard Koch. El estudio tenía prisa: quería aprovechar la actualidad de la Segunda Guerra Mundial y las agendas de sus estrellas, así que empezó a filmar con solo la primera mitad del guion resuelta. El resto se escribía casi cada noche, y los actores recibían páginas nuevas la misma mañana del rodaje.

Eso incluía la decisión más importante de toda la trama: si Ilsa se quedaba con Rick en Marruecos o se marchaba con su marido, el líder de la resistencia Victor Laszlo. En la obra original de la que partía el guion, Ilsa y Rick sí acababan juntos — pero eso chocaba de frente con el Código Hays, que prohibía presentar el adulterio como algo deseable, y obligó a reescribir el desenlace ya con la producción en marcha.

Bergman contó años después que no supo a cuál de los dos hombres iba a elegir su personaje hasta prácticamente el último día de rodaje de esas escenas, y que eso la dejó sin saber cómo interpretar la relación con cada uno de ellos durante buena parte del proceso. No fue una estrategia deliberada del director para sacarle una interpretación más ambigua: fue, sencillamente, que nadie —ni los guionistas, ni Curtiz, ni el propio estudio— tenía todavía la respuesta.

Por qué ese caos jugó a favor de la película

Lo interesante no es solo que ‘Casablanca’ se rodara así, sino lo que ese desorden dejó en la pantalla. La ambigüedad emocional que hace tan memorables las escenas entre Bogart y Bergman no es del todo actuada: parte de ella es genuina, porque quienes la interpretaban tampoco sabían hacia dónde iba su propia historia. Es un caso poco habitual en el que la falta de un plan cerrado no perjudicó al resultado, sino que lo hizo más creíble.

Con el tiempo, esa mezcla de urgencia de estudio, guion improvisado y actores a ciegas se ha convertido en material de estudio para guionistas: una prueba de que el control absoluto sobre una historia no siempre es lo que la hace funcionar. Hoy, con estudios que planifican sagas enteras años antes del primer rodaje y guiones que pasan por comités antes de llegar a plató, cuesta imaginar que una producción de ese calibre saliera adelante sin saber su propio final — y sin embargo funcionó mejor así.

‘Casablanca’ ganó tres Oscar, incluido el de mejor película, y ocho décadas después sigue siendo una referencia obligada del cine clásico — construida, contra todo pronóstico, sobre la incertidumbre de quienes la hicieron sin saber en qué se iba a convertir. Puede que sea la mejor prueba de que un rodaje impecablemente planificado no es garantía de nada, y que a veces es precisamente la tensión real de no saber qué va a pasar la que termina, de alguna forma, en la pantalla.