Pocas escenas de la historia del cine se han rodeado de tanta leyenda como el momento en que la criatura sale del pecho de Kane en ‘Alien’ (1979). La versión que más ha circulado durante años es que el reparto, salvo John Hurt, no tenía ni idea de lo que estaba a punto de pasar. Es una gran anécdota — el problema es que no es del todo cierta.
Lo que sí sabían
Todo el reparto había leído el guion, y el guion decía con claridad que algo iba a salir del pecho de Kane. Lo que no sabían era el cómo: ni la cantidad de sangre falsa, ni las vísceras animales — riñones de cordero incluidos — que Ridley Scott había preparado para hacerlo lo más visceral posible. Sigourney Weaver ha contado que ya intuía que algo grande estaba a punto de pasar, porque en el set habían colocado pantallas transparentes y el equipo técnico se había puesto impermeables antes de rodar. Esa puesta en escena, más que el guion en sí, fue lo que empezó a poner nerviosos a todos.
Los dos que sí lo sabían todo
Además de Hurt, solo Tom Skerritt conocía los detalles exactos del efecto. Skerritt había pasado buena parte del rodaje siguiendo de cerca a Scott para aprender sobre dirección, y había estado presente en las reuniones donde se planeó la secuencia al detalle. El resto del reparto, en cambio, solo sabía lo que decía el guion — nada más, y desde luego nada de lo que se avecinaba en el plano técnico.
La reacción que no estaba en el guion
Bajo la mesa, dos técnicos manejaban una máquina de sangre a presión cargada con más de veinte litros de líquido rojo. Un chorro salió disparado directo hacia Veronica Cartwright, que no esperaba recibirlo, y su reacción de sorpresa y espanto que se ve en la película es completamente genuina — algunas versiones del rodaje muestran incluso que llegó a resbalar con la sangre en el suelo sin dejar de actuar, y sin salirse ni un segundo del personaje.
Por qué el matiz importa
El propio John Hurt reconoció años después, en unas declaraciones recogidas por el National Science and Media Museum, que la versión de ‘nadie sabía nada’ se había exagerado con el tiempo. No cambia que la escena siga siendo una de las más efectivas de la historia del terror — pero sí demuestra que, incluso cuando el mito y la realidad se parecen bastante, casi siempre hay una versión más precisa que merece la pena contar, y que en este caso pasa por reconocer el mérito de un equipo técnico que sabía exactamente cómo sorprender a sus propios actores.
