El día de la marmota (1993) es una de esas películas que todo el mundo cree conocer al detalle, pero hay un dato que ni siquiera su propio director tenía claro: cuántas veces exactamente revive Phil Connors, el personaje de Bill Murray, el mismo 2 de febrero en Punxsutawney.
La respuesta corta es que nadie lo sabe con certeza, ni falta que hace. La película, dirigida por Harold Ramis a partir de un guion de Danny Rubin, nunca da una cifra concreta. Y lo curioso es que Ramis, con los años, cambió varias veces de opinión sobre el número que él mismo había imaginado al rodarla, en unas declaraciones que hoy siguen citándose cada vez que se discute el tema en foros de cine.
El guion original: 10.000 años
En el comentario en audio del DVD de la película, Ramis reveló que la idea inicial de Danny Rubin era mucho más extrema de lo que llegó a pantalla: en un primer borrador del guion, Phil quedaba atrapado en el bucle temporal durante 10.000 años. Ramis y Rubin decidieron reducir esa escala drásticamente antes del rodaje, conscientes de que una cifra tan desmesurada rompería la lógica emocional de la historia: el público necesitaba creer que la transformación de Phil, de cínico egoísta a alguien capaz de amar, era posible dentro de un margen de tiempo reconocible, no en una escala geológica que resultaría abstracta e imposible de empatizar.
Ese cambio de escala, de 10.000 años a algo mucho más humano, ya deja claro que ni los propios autores de la historia partían de una cifra fija: era una variable narrativa que ajustaron según lo que la película necesitaba contar, no un dato que tuvieran cerrado desde el principio.
Diez años… y luego Ramis se desdijo
Durante el rodaje, Ramis manejaba una cifra bastante más contenida: calculaba que el día se había repetido «unos 10 años». Es la estimación que circuló durante mucho tiempo como la oficial, la que él mismo dio por buena en el momento de hacer la película, y la que durante años repitieron entrevistas y reportajes sobre el filme.
Pero en 2009, ya con perspectiva, el propio Ramis se retractó en una carta a la revista Heeb. Escribió textualmente que la estimación de 10 años se le quedaba corta: «Se necesitan al menos 10 años para llegar a dominar algo, y, contando el tiempo muerto y los años que pasó desorientado, tuvieron que ser más bien 30 o 40 años». Es decir, el propio creador de la historia multiplicó por tres o cuatro su propio cálculo inicial, dieciséis años después de haber rodado la película. Ramis falleció en 2014, así que esa carta de 2009 es de las últimas veces que se pronunció públicamente sobre el asunto.
Los fans han hecho sus propias cuentas
Ante la ambigüedad oficial, no ha faltado quien se ha puesto a calcular por su cuenta. El analista Simon Gallagher, de WhatCulture, hizo un repaso exhaustivo de todas las pistas que da la propia película —los días que se ven en pantalla (38), los intentos de suicidio de Phil, las veces que aprende a tocar el piano o a esculpir hielo, los idiomas que llega a dominar, los actos desinteresados que realiza para salvar a vecinos del pueblo— y llegó a una cifra mucho más alta que la de Ramis: unas 12.400 repeticiones del mismo día, el equivalente a poco más de 33 años y 355 días.
Ninguna de estas cifras es canónica. Son reconstrucciones hechas a partir de pistas dispersas —cuántas veces tendría que fallar y volver a intentar cada habilidad, cuántos intentos de seducción necesitaría antes de conocer los gustos exactos de Rita— no un dato confirmado por el guion ni por la edición final de la película. De hecho, es fácil que ni siquiera Ramis y Rubin llegaran nunca a un consenso interno sobre el número real mientras escribían.
Por qué la ambigüedad es, en realidad, la clave
Que la cifra exacta se quede en el aire no es un descuido, es la esencia misma de la película. El bucle temporal de El día de la marmota no funciona como un reloj que el espectador pueda seguir con precisión, sino como una sensación de tiempo suspendido que refleja el propio estado mental de Phil: al principio los días se emborronan por el hastío y la desesperación, y más adelante por la obsesión de aprovechar cada repetición para mejorar como persona. Fijar una cifra exacta habría convertido una metáfora sobre el estancamiento y el cambio personal en un simple ejercicio de aritmética, y le habría restado al espectador la libertad de imaginar su propia respuesta.
Treinta años después de su estreno, El día de la marmota sigue siendo una referencia obligada cada vez que se habla de bucles temporales en el cine —de Al filo del mañana a Bucle mortal—, y precisamente por no responder a la pregunta más obvia, cuánto tiempo estuvo atrapado Phil, ha dado pie a que varias generaciones de espectadores, y hasta su propio director, sigan discutiéndolo décadas después del estreno.
