Pocos mitos de cine clásico han sobrevivido tanto tiempo, ni con tanta convicción por parte de quienes juran haberlo visto con sus propios ojos, como el del «munchkin ahorcado» de ‘El Mago de Oz’ (1939). La leyenda, resumida sin rodeos: en la escena final de la secuencia del Hombre de Hojalata, cuando Dorothy, el Espantapájaros y el propio Hombre de Hojalata se alejan por el camino hacia la Ciudad Esmeralda, al fondo del bosque se distingue una figura oscura moviéndose de forma extraña entre los árboles. Según la historia que se propagó durante los noventa, se trataba de uno de los actores enanos contratados para interpretar a los munchkins, que se habría quitado la vida en el propio plató por un amor no correspondido, y cuya muerte habría quedado grabada por accidente y sin que nadie se diera cuenta.
Lo que de verdad se mueve entre los árboles
Según la investigación publicada por Snopes —que calificó la historia como falsa ya en 1997, en uno de sus primeros grandes desmentidos—, todas las escenas de bosque de la película se rodaron en un plató interior, y para dar sensación de exterior el equipo de la MGM tomó prestados varios animales del zoo de Los Ángeles, entre ellos un pavo real que puede verse junto a la cabaña del Hombre de Hojalata. La figura que aparece al fondo agitándose «como una persona» es, en realidad, una de esas aves de mayor tamaño —a menudo descrita como un emú, aunque con más probabilidad se trataba de una grulla— extendiendo las alas. Ni munchkin, ni ahorcamiento: un pájaro grande.
Por qué es, además, físicamente imposible
Snopes señala un detalle que por sí solo debería bastar para descartar la leyenda: las escenas de bosque se rodaron antes de las escenas ambientadas en Munchkinland, así que ninguno de los actores que interpretaban a los munchkins había llegado siquiera a los estudios de la MGM cuando se filmó esa secuencia. A eso se suma lo evidente: resulta poco creíble que una persona pudiera caer o colgarse en un plató activo, rodeado de decenas de actores, cámaras, técnicos de sonido e iluminación, sin que nadie lo notara ni reaccionara —y que ese material, además, sobreviviera intacto al montaje final durante más de cincuenta años sin que nadie en producción lo retirara.
De dónde salió realmente el rumor
La versión más antigua de la leyenda, según recoge Rolling Stone, no hablaba de un munchkin, sino de un tramoyista que se habría colado accidentalmente en plano, o que habría caído de un árbol de attrezzo. La historia mutó a su versión actual —la del munchkin suicida por amor— coincidiendo con la reedición especial en vídeo de la película por su 50º aniversario en 1989: el formato VHS permitió por primera vez rebobinar, congelar la imagen y examinar fotograma a fotograma una secuencia borrosa que hasta entonces solo se había visto una vez por sesión de cine. La propia Judy Garland ayudó, sin querer, a que la historia resultara creíble: durante años, en entrevistas de televisión, había contado anécdotas muy exageradas sobre fiestas, borracheras y comportamiento inapropiado por parte de los actores que interpretaban a los munchkins, alimentando una imagen de descontrol en el rodaje que —según confirma también Rolling Stone— no se correspondía con la realidad: los 124 intérpretes de la troupe de Leopold Singer trabajaron con gran profesionalidad a pesar de su escasa experiencia en Hollywood.
Lo que sí fue verdad: un rodaje con heridos de carne y hueso
Sin munchkins ahorcados, el rodaje de ‘El Mago de Oz’ sí dejó víctimas reales. El actor original que interpretaba al Hombre de Hojalata, Buddy Ebsen, tuvo que abandonar el papel después de que el polvo de aluminio de su maquillaje plateado le provocara una reacción respiratoria que casi le cuesta la vida; le sustituyó Jack Haley, quien años más tarde encontraría la fama como protagonista de ‘Los nuevos ricos’. La actriz Margaret Hamilton, la Bruja Mala del Oeste, sufrió quemaduras reales de segundo y tercer grado en la cara y las manos durante el rodaje de su desaparición entre llamas de Munchkinland, lo que la mantuvo fuera del set durante seis semanas; según se le atribuye, aceptó volver con una única condición: «No más fuegos artificiales». Incluso Toto, la perrita que interpretaba al personaje, sufrió un esguince en una pata al ser pisada por uno de los actores disfrazados de guardia, y pasó dos semanas recuperándose en casa de la propia Judy Garland.
