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Josep Pla, escritor: ‘Escribir es el arte de suprimir lo innecesario, de quedarse con el hueso de las cosas cuando la carne ya se ha podrido’

Una reflexión magistral de uno de los grandes prosistas del siglo XX sobre la necesidad de simplificar en un mundo saturado de ruido y exceso de información.

Josep Pla, escritor: 'Escribir es el arte de suprimir lo innecesario, de quedarse con el hueso de las cosas cuando la carne ya se ha podrido'

user:Davidpar

Vivimos en una época hiperconectada donde la saturación informativa y el ruido digital dictan cada segundo de nuestras jornadas. Entre notificaciones constantes, correos interminables y hilos interminables en redes sociales, el ser humano actual padece una indigestión crónica de contenidos vacíos. En este contexto de sobreestimulación constante, la máxima de uno de los grandes cronistas de la literatura contemporánea adquiere una vigencia casi quirúrgica. La necesidad de recortar lo superfluo se ha convertido en una auténtica urgencia de supervivencia mental para cualquiera que intente conservar la cordura en el siglo XXI.

Josep Pla, uno de los prosistas más lúcidos y observadores de la literatura en lengua española y catalana, entendió como pocos que el verdadero oficio de la palabra no consiste en acumular adjetivos rimbombantes ni en inflar los textos con hojarasca inútil. Su estilo, caracterizado por una aparente sencillez que escondía una profunda y trabajada madurez intelectual, buscaba siempre la esencia de lo real. Para él, la literatura era un ejercicio de destilación donde cada palabra superflua suponía un lastre que alejaba al lector de la verdad profunda de la experiencia humana.

Escribir es el arte de suprimir lo innecesario, de quedarse con el hueso de las cosas cuando la carne ya se ha podrido.

Andrea Piacquadio

Del papel en blanco al caos digital: por qué necesitamos recortar el exceso de estímulos en 2026

Si trasladamos esta disección literaria al ecosistema digital que habitamos hoy en día, el diagnóstico resulta demoledor. Las plataformas de streaming, las aplicaciones de mensajería instantánea y los formatos breves nos han acostumbrado a consumir grandes cantidades de información sin sustancia, dejándonos una sensación de fatiga permanente. Aplicar el bisturí de Pla a nuestra rutina diaria significa aprender a decir que no a las distracciones artificiales que nos roban el tiempo y la concentración. Del mismo modo que un buen autor descarta páginas enteras para salvar el núcleo de su obra, nosotros necesitamos limpiar nuestra agenda mental de compromisos vacíos y relaciones tóxicas.

La verdadera claridad mental surge únicamente cuando nos atrevemos a soltar el exceso. En un entorno laboral y social que premia la multitarea y el exhibicionismo digital, frenar el ritmo y seleccionar con rigor aquello a lo que dedicamos nuestra atención se alza como el acto más subversivo posible. Nos pasamos el día acumulando experiencias, objetos y notificaciones, convencidos de que más cantidad equivale a una vida más plena, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario. La madurez, tanto en la escritura como en la existencia cotidiana, se demuestra en lo que somos capaces de eliminar.

Reencontrarnos con lo esencial requiere un esfuerzo consciente de depuración que duele al principio pero libera al final. Al igual que el escritor se enfrenta al dolor de tachar sus párrafos favoritos porque no aportan nada a la trama, el ciudadano contemporáneo debe asumir renuncias para recuperar su espacio interior. Reducir el consumo de pantallas, simplificar los discursos y valorar el silencio por encima del murmullo generalizado no es un lujo estético, sino una condición indispensable para habitar el mundo con lucidez y dignidad.