«En ‘Seven’ lo puse en mi contrato: la cabeza de la mujer se queda dentro de la caja». Lo dijo el propio Brad Pitt años después, y no es una frase hecha: la cláusula existió de verdad, y sin ella es muy posible que el final más recordado del thriller de David Fincher jamás hubiera llegado a los cines tal y como lo conocemos. De hecho, el propio Fincher solo llegó a dirigir la película gracias a un despiste administrativo.
El error que puso a Fincher al frente de la película
Antes de que David Fincher se interesara por el proyecto, el guion de Andrew Kevin Walker ya había pasado por una reescritura pensada para otro director, Jeremiah Chechik —conocido entonces por ‘Vacaciones de Navidad’—, que quería eliminar por completo la escena de la caja y trasladar el clímax a una iglesia en ruinas, mucho menos perturbador que el original. Walker, que en esa fase tan temprana de su carrera sentía que le tocaba ceder, reescribió el final a regañadientes. El guion siguió circulando por Hollywood en sus dos versiones a la vez, y fue entonces cuando, por un error en el envío, a Fincher le llegó la versión original sin suavizar en lugar de la reescrita para Chechik. Fincher quedó convencido de que esa era la película que quería hacer, y puso como condición para dirigirla que el final original se mantuviera intacto. Sin aquel despiste, es muy posible que ‘Seven’ se hubiera estrenado con un desenlace completamente distinto, y bastante más olvidable.
La condición de Pitt para hacer la película
Cuando Brad Pitt aceptó protagonizar ‘Seven’ junto a Morgan Freeman, puso una condición propia que no tenía que ver con el dinero ni con el reparto: que el final se rodara exactamente como estaba en el guion que había convencido a Fincher, sin suavizarlo. Pitt venía de una mala experiencia con la productora en ‘Leyendas de pasión’, donde el estudio había intervenido en el montaje final, y no estaba dispuesto a que le volviera a pasar. Así que, según ha contado él mismo, hizo que se incluyera por escrito: la cabeza de Tracy, el personaje de Gwyneth Paltrow, se quedaba dentro de la caja, y su marido, el detective Mills, mataba a John Doe al final. Sin cambios.
New Line probó con un perro
El acuerdo no evitó que el estudio insistiera. Tras los primeros pases de prueba, los ejecutivos de New Line Cinema volvieron a la carga: el personaje de Pitt resultaría «mucho más heroico» si no llegaba a disparar a John Doe, argumentaban, y el contenido de la caja «era demasiado perturbador». Llegaron a plantear alternativas más digeribles, entre ellas sustituir la cabeza humana por la de un perro. Pitt se ha reído de aquello en varias entrevistas años después, pero en su momento tuvo que plantarse de nuevo para que el final no se tocara. Ganó él: la película se estrenó el 22 de septiembre de 1995 con el desenlace original intacto.
El estreno que dejó al público en silencio
Pitt ha contado cómo fue la noche del estreno: la sala entera se quedó callada cuando se reveló lo que había en la caja, la gente se fue levantando despacio de sus asientos sin decir una palabra, y el propio actor, nada más terminar la proyección, se giró hacia Fincher y le soltó: «¿Qué coño hemos hecho? Pensaba que esto era buenísimo». La reacción del público —el silencio, el desconcierto, la sensación de haber visto algo que no esperaban— se convirtió casi de inmediato en parte de la leyenda de la película, y ayudó a consolidar ‘Seven’ como uno de los finales más comentados del thriller de los 90.
Treinta años de mito (y lo que David Fincher ha confirmado por fin)
Lo curioso es que, aunque todo el mundo recuerda la escena, durante tres décadas circuló una leyenda urbana muy concreta sobre el propio objeto usado en el rodaje: que el estudio había encargado una cabeza de atrezzo realista de Gwyneth Paltrow para la escena, y que ese mismo molde se reutilizó años después en ‘Contagion’ (2011), en la secuencia de la autopsia del personaje de Paltrow en esa película. Fincher ha desmentido el rumor de forma tajante, calificándolo de «completamente falso», aunque reconoce que la coincidencia «es graciosa». Según ha explicado el propio director, dentro de la caja no había ninguna cabeza de atrezzo: era un saco de peso de unos tres a tres kilos y medio —calculado a partir de una estimación de qué proporción del peso corporal de Paltrow correspondería a su cabeza— envuelto junto con una peluca con un poco de sangre, de forma que al abrirse la caja y engancharse la cinta, parte del pelo quedara pegado y se moviera de forma creíble ante la cámara. Nada de prótesis, nada de maquillaje de efectos especiales a la vista: el impacto de la escena dependía por completo de las reacciones de los actores y del propio diseño sonoro, no de lo que realmente hubiera dentro de la caja.
Treinta años después de su estreno, ‘Seven’ sigue siendo una lección de cómo un envío equivocado, una cláusula de contrato y una caja que en realidad no contenía casi nada pueden terminar construyendo uno de los finales más perturbadores del cine de los noventa.
