Películas

Tanta gente creyó que en ‘Jumanji’ (1995) se usaron animales reales que el propio director tuvo que salir a desmentirlo años después

La estampida de rinocerontes, monos y un elefante que aplasta un coche convenció a buena parte del público de que 'Jumanji' había usado animales de verdad, entrenados o alquilados a algún circo. La realidad es justo la contraria: fue uno de los primeros grandes experimentos de animales generados por ordenador de la historia del cine, y obligó a Industrial Light & Magic a inventar software que no existía todavía.

Tanta gente creyó que en 'Jumanji' (1995) se usaron animales reales que el propio director tuvo que salir a desmentirlo años después

TriStar Pictures

‘Jumanji’ (1995), dirigida por Joe Johnston y protagonizada por Robin Williams, dejó una de las secuencias más recordadas del cine de aventuras de los 90: una estampida de rinocerontes, elefantes, monos y leones arrasando las calles de un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra. Quedó tan bien resuelta para la tecnología de la época que generó un malentendido que ha tardado años en desmentirse del todo: buena parte del público asumió que, al menos en parte, se habían usado animales reales, entrenados o traídos de algún circo o zoológico. El propio Johnston ha tenido que salir a decirlo explícitamente en entrevistas años después: ningún animal real apareció en ninguna parte de la película.

Software que no existía y hubo que inventar para la ocasión

Todos los animales de la estampida —y prácticamente cualquier animal que aparece en pantalla en toda la película, salvo un par de caballos al principio y un perro sentado en una cama en una escena posterior— son o animatrónicos (obra del estudio Amalgamated Dynamics) o generación por ordenador de Industrial Light & Magic (ILM). El reto era tan nuevo en 1994-1995 que ILM tuvo que desarrollar dos programas específicos para la película: uno bautizado iSculpt, pensado para lograr expresiones faciales de animales mínimamente creíbles, y una tecnología de pelo digital pionera para dar volumen realista al pelaje de los monos y la melena del león. Nada de esto existía de fábrica; se construyó expresamente porque ninguna herramienta disponible entonces podía resolver el problema.

El elefante que aplasta un coche, y el problema de fingir que algo pesa

Uno de los planos más citados de la película —un elefante aplastando un Chevrolet Caprice en plena calle— resume bien la dificultad técnica de todo el proyecto. Según ha explicado el propio Johnston, el mayor obstáculo de la animación por ordenador en ese momento no era que un animal se moviera de forma creíble, sino lograr que pareciera tener masa real. La solución fue mitad digital, mitad mecánica: se instaló un coche real rigado para hundirse hacia dentro por control remoto, sincronizado con el momento exacto en que las patas del elefante generado por ordenador entraban en contacto con la carrocería — el impacto físico real del coche cediendo es lo que vende, a ojos del espectador, el peso del animal digital que en realidad no está tocando nada. Johnston ha lamentado además, en esa misma entrevista, que el día del rodaje de esa escena concreta el cielo estaba completamente encapotado: había planeado luz de sol dura y sombras marcadas, y tuvo que conformarse con una luz plana de cielo cubierto.

Wikimedia Commons

Dos horas y media convirtiéndose en mono, cada día, durante diez semanas

No todos los efectos de la película eran digitales. El actor infantil Bradley Pierce, que interpreta al joven Peter Shepherd, pasa por una transformación progresiva en mono a lo largo de la trama — y ese proceso se resolvió con maquillaje protésico tradicional, no con ordenador. Pierce tuvo que someterse a sesiones diarias de aplicación de prótesis de aproximadamente tres horas y media, durante un periodo continuado de dos meses y medio de rodaje, para ir incorporando capas progresivas de vello y rasgos simiescos según avanzaba su personaje. Es el tipo de dato que rara vez se menciona junto a la estampida — mucho menos vistoso en pantalla que un rinoceronte generado por ordenador, pero con un coste físico real y diario para un actor que en ese momento era todavía un niño.

Un pueblo real convertido en decorado, y un supervisor que años después dirigiría sus propias películas

Las escenas del Brantford de ficción —incluida la propia estampida por sus calles— se rodaron en la localidad real de Keene, Nueva Hampshire, con unos 150 vecinos del pueblo contratados como extras para las tomas con personas reales; los animales se añadieron después, en posproducción, sobre ese mismo metraje real de calles y comercios auténticos como la tienda Paquette’s. Entre el equipo de animación de ILM en ese rodaje figuraba Kyle Balda, entonces supervisor de animación — el mismo que, años más tarde, terminaría dirigiendo él mismo largometrajes de animación como ‘Gru 3’, ‘Minions’ o ‘Mascotas’, mucho antes conocido por el gran público como director que por su trabajo aquí, en las patas y el pelaje de un rinoceronte generado por ordenador en 1995.

El propio Robin Williams estuvo a punto de decir que no

El otro dato que sorprende de la producción no tiene que ver con los efectos, sino con el reparto: Robin Williams, la cara más asociada hoy a la película, rechazó el papel de Alan Parrish en un primer momento. Solo aceptó después de que el guion pasara por varias reescrituras — un detalle que contrasta con la naturalidad con la que hoy se recuerda su interpretación, como si el papel hubiera estado escrito para él desde el principio. Entre la resistencia inicial de su protagonista y la tecnología que hubo que inventar sobre la marcha para sus animales, ‘Jumanji’ es, treinta años después, una película que costó mucho más trabajo del que su aparente sencillez de aventura familiar deja ver.

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

Ver perfil y más artículos de Ana Ferrer