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Para rodar la ingravidez de ‘Apolo 13’, Ron Howard metió a Tom Hanks en el avión que la NASA usa para entrenar astronautas, y todo el sonido quedó inservible

En 1995, sin apenas CGI para simular el espacio, Ron Howard consiguió que la NASA le prestara el KC-135, el avión conocido como 'la cometa del vómito'. El reparto voló 612 veces en caída libre, y ni una sola línea de diálogo grabada allí sirvió para la película final.

Para rodar la ingravidez de 'Apolo 13', Ron Howard metió a Tom Hanks en el avión que la NASA usa para entrenar astronautas, y todo el sonido quedó inservible

‘Apolo 13’ (1995) tenía un problema antes incluso de empezar a rodarse: cómo hacer creíble la ingravidez de tres astronautas atrapados en una nave dañada, en una época en la que los efectos digitales todavía no podían fingir con solvencia algo tan físico como flotar. Ron Howard descartó pronto el cable y los arneses, la solución habitual del cine de la época, porque el movimiento nunca resulta del todo real. La respuesta que acabó encontrando fue mucho más radical: meter a Tom Hanks, Bill Paxton, Kevin Bacon y Gary Sinise dentro del mismo avión que la NASA usa para entrenar a sus astronautas en gravedad reducida.

La idea que le dio Steven Spielberg

Según ha contado el propio Howard en varias entrevistas, la idea surgió de una conversación con Steven Spielberg, que le sugirió investigar cómo entrenaba la NASA a sus tripulaciones para la ingravidez. Así llegó al KC-135, un avión de la Fuerza Aérea que, volando en una sucesión de arcos parabólicos, generaba unos 25 segundos de caída libre real en cada maniobra. Es el mismo aparato que las tripulaciones de la NASA llevan décadas apodando cariñosamente «la cometa del vómito» («Vomit Comet»), precisamente por lo que le provoca al estómago de quien vuela en él.

Antes incluso de subirse al avión, Hanks, Paxton y Bacon habían pasado por el Space Camp de Huntsville (Alabama), donde los astronautas reales Jim Lovell y David Scott (comandante de la misión Apolo 15) les hicieron ensayar dentro de réplicas del módulo de mando y el módulo lunar, aprendiendo a manejar los cerca de 500 botones, interruptores y palancas de la nave. Los trajes de presión que llevaban puestos, además, eran reproducciones exactas de los originales de la NASA, herméticas hasta el último detalle, refrigeradas con aire bombeado desde el exterior igual que los trajes reales del programa Apolo.

El permiso que no llegó fácilmente

El permiso no llegó fácilmente. La NASA rechazó la primera petición de Howard, y según ha relatado el propio director, fue Jim Lovell —el comandante real de la misión, que trabajaba como asesor de la película y al que interpreta Hanks— quien intervino personalmente ante la agencia: «Y finalmente Jim Lovell intervino en nuestro nombre y dijo: ‘¿Por qué no les dais un vuelo de prueba? Y veis si pueden hacerlo’». Ese vuelo de prueba convenció a la NASA de seguir adelante.

612 caídas libres y menos de cuatro horas de ingravidez útil

El rodaje en el KC-135 se prolongó durante 13 días repartidos en cuatro semanas, con dos vuelos diarios de entre 30 y 40 parábolas cada uno. En total, el equipo completó 612 maniobras parabólicas para acumular apenas tres horas y 54 minutos de ingravidez real utilizable, nunca más de 25 segundos seguidos por toma. Cada parábola implicaba el mismo ciclo agotador: una breve ventana para actuar y rodar, seguida de una recuperación «pesada» en la que la gravedad se duplicaba de golpe mientras el avión volvía a ascender para la siguiente maniobra.

Durante esos segundos, actores, cámaras y attrezzo flotaban a la vez, sin ningún punto de apoyo fijo. Bob Williams, director de pruebas de la NASA en el proyecto, lo recordaba así en una entrevista retrospectiva de The A.V. Club: «Los actores y las cosas no dejaban de salirse del plano. Pensamos: cualquiera que vea esto se va a marear». Según recogió después la revista E! Online, a los «actor-nautas» se les administraba además un cóctel de escopolamina y dexedrina para aliviar el mareo durante los vuelos.

Todo el sonido grabado allí arriba no sirvió para nada

Ni un solo segundo del diálogo grabado durante esos vuelos llegó a usarse en la versión final de la película. El ruido de los motores del KC-135 era tan intenso que resultaba imposible aprovechar el audio original: Hanks, Bacon y Paxton tuvieron que volver después a un estudio para regrabar mediante ADR (doblaje de diálogo automático) cada una de las líneas que habían pronunciado en gravedad reducida, sincronizándolas de nuevo sobre las imágenes ya rodadas. Los planos más cerrados de las caras, además, ni siquiera se filmaron en el avión: se rodaron en tierra firme, con los actores sentados en un balancín, y se combinaron en montaje con los planos de cuerpo entero conseguidos en los vuelos.

Un rigor que incluso engañó a un astronauta real

La obsesión por la precisión no se quedó en la ingravidez. El equipo de efectos visuales recreó el lanzamiento del cohete Saturno V con maquetas e iluminación tan convincentes que, según contó a Variety el artista de efectos Kelly Port, el propio Buzz Aldrin —el segundo hombre en pisar la Luna— preguntó de qué archivo de la NASA habían sacado el metraje real del despegue, convencido de que era auténtico. El resultado de todo ese empeño técnico fue la tercera película más taquillera de 1995, varias nominaciones al Oscar incluida la de Mejor Película, y un premio del Directors Guild of America a la mejor dirección para Ron Howard, que sin embargo se quedó fuera de la terna de Mejor Director en los Oscar de aquel año pese a todo lo conseguido.