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Peter Finch murió creyendo que nunca ganaría el Óscar por ‘Network’, y se convirtió en el primer actor de la historia en recibirlo después de muerto

Dos meses antes de la ceremonia, Peter Finch sufrió un infarto fatal en el vestíbulo de un hotel de Beverly Hills. Nadie había ganado nunca un Óscar de interpretación de forma póstuma, y su viuda tuvo que subir a recogerlo en su lugar.

Peter Finch murió creyendo que nunca ganaría el Óscar por 'Network', y se convirtió en el primer actor de la historia en recibirlo después de muerto

‘Network’ (1976), la sátira de Sidney Lumet y Paddy Chayefsky sobre la televisión que convierte el colapso mental de un presentador en un éxito de audiencia, es una de esas películas cuya frase más famosa —«¡Estoy que trino, y no pienso aguantarlo más!»— ha sobrevivido casi cincuenta años. Lo que se recuerda menos es que su protagonista, Peter Finch, no llegó a ver el reconocimiento que esa interpretación le trajo: murió antes de que se celebrara la ceremonia en la que ganó el Óscar, y se convirtió en el primer actor de la historia en recibir un premio de interpretación de la Academia después de muerto.

La premisa de ‘Network’ explica por qué el papel resultaba tan exigente. Howard Beale es un veterano presentador de informativos al que la cadena UBS comunica su despido por baja audiencia; en su última noche en antena, anuncia en directo que se suicidará disparándose en la cabeza la semana siguiente. El escándalo dispara el share, la cadena decide mantenerlo en pantalla explotando su inestabilidad, y Beale se convierte en una especie de profeta televisivo cuyos desahogos culminan en el grito que ha sobrevivido a la película: «I’m mad as hell, and I’m not going to take this anymore!». Sostener ese desmoronamiento progresivo, ocho horas al día durante meses, es lo que Lumet describió después como física y psicológicamente agotador para un actor que ya arrastraba problemas cardíacos.

Un papel que casi rechazan por ser australiano

Antes de llegar a Finch, el papel de Howard Beale pasó por las manos de casi todo Hollywood. Chayefsky había imaginado a Henry Fonda, Cary Grant, James Stewart o Paul Newman; Lumet quería a Fonda, con quien ya había trabajado varias veces, pero el actor lo encontró demasiado «histérico» para su gusto, y Stewart rechazó el guion por el lenguaje. También se consideró a los presentadores reales Walter Cronkite y John Chancellor, que declinaron la propuesta. Cuando por fin llegaron a Finch —un actor británico-australiano ya consagrado, con varios BAFTA en su haber—, los productores temían que no sonara «auténticamente americano» y le exigieron una audición, algo que un actor de su categoría podría haber considerado insultante. Según cuentan sus biógrafos, Finch respondió sin dudarlo: «Al diablo con el orgullo. Manda el guion por correo», y pagó de su bolsillo el vuelo a Nueva York para hacer la prueba, preparándose a base de grabar en cinta lecturas de periódicos americanos y escuchar las cintas con oído crítico hasta sonar convincente.

Agotado por un papel que le pasó factura de verdad

Finch llevaba años con problemas de corazón, y según relató después el propio Lumet, el rodaje le dejó «física y psicológicamente exhausto». El 13 de enero de 1977 apareció en ‘The Tonight Show’ de Johnny Carson, dentro de la gira promocional de la película; esa misma noche, otro invitado del programa, el cómico George Carlin, hizo bromas sobre la muerte. Al día siguiente, Finch sufrió un infarto fatal en el vestíbulo del Beverly Hills Hotel. Murió con Sidney Lumet, el propio director de la película, a su lado. Tenía 60 años, y la 49ª ceremonia de los Óscar estaba prevista para dos meses después.

El primer actor premiado después de muerto

Hasta ese momento, ningún actor había ganado nunca un Óscar de interpretación de forma póstuma. James Dean había sido nominado dos veces después de su muerte, y Spencer Tracy una vez; ninguno de los dos llegó a ganar. Cuando se anunció el nombre de Finch como mejor actor en la ceremonia de 1977, fue el guionista Paddy Chayefsky quien subió al escenario a invitar a la viuda del actor, Eletha Finch, a recoger la estatuilla en su nombre. El precedente que sentó aquella noche tardó más de treinta años en repetirse: no fue hasta 2009, con Heath Ledger y su Óscar póstumo a mejor actor de reparto por ‘El caballero oscuro’, cuando volvió a ocurrir algo parecido en una categoría interpretativa.

Una entrevista que hoy se lee distinta

Días antes de morir, Finch concedió una entrevista a Los Angeles Times en la que, sin saberlo, se despedía. Reflexionando sobre su oficio, llegó a decir: «A veces sentía que estaba mirando mi propio ataúd. Toqué ese personaje. Ahí está la locura. No se puede fingir», refiriéndose a un papel anterior, el almirante Nelson, pero la frase ha quedado desde entonces asociada de forma inevitable a su propia muerte, apenas unos días después de pronunciarla. ‘Network’ terminó llevándose cuatro Óscar aquella noche —actor, actriz para Faye Dunaway, actriz de reparto para Beatrice Straight y guion original para Chayefsky—. La propia Straight ganó su estatuilla con apenas cinco minutos y dos segundos de tiempo en pantalla, todavía hoy una de las actuaciones más breves en ganar un Óscar en la historia de los premios. Pero de los cuatro reconocimientos de esa noche, el más comentado fue, y sigue siendo, el que nadie pudo entregarle en persona.