Películas

El truco de Steven Spielberg con Matt Damon para ‘Salvar al soldado Ryan’

A veces el secreto de una gran película no está en el guion, sino en cómo el director manipula psicológicamente a sus propios actores antes de encender las cámaras.

El truco de Steven Spielberg con Matt Damon para 'Salvar al soldado Ryan'

U.S. Army Signal Corps / Archivos Nacionales de EE.UU., dominio público

Cuando Steven Spielberg estrenó ‘Salvar al soldado Ryan’ en 1998, el cine bélico cambió su forma de mostrar la crudeza del combate en la gran pantalla. Detrás de ese despliegue técnico que abrumó al público hay decisiones de dirección muy calculadas que pocas veces se explican por completo. El rodaje exigió un compromiso físico y mental extremo a un reparto coral que tuvo que pasar por un proceso de preparación poco habitual en Hollywood. La clave de esa tensión no dependió solo de los efectos especiales, sino de un aislamiento planificado con frialdad.

El sargento de hierro que moldeó a la tropa

Para conseguir que los actores se movieran como soldados reales, el director contrató al excapitán de los Marines Dale Dye como asesor militar. Dye había servido en el Cuerpo de Marines de 1964 a 1984, retirándose con el rango de capitán tras participar en dos tandas de combate en Vietnam y acumular treinta y una operaciones en tres despliegues. Además, resultó herido durante la ofensiva del Tet de 1968, mérito por el cual recibió la Estrella de Bronce con distintivo de Combate V y tres Corazones Púrpura. Su experiencia previa en producciones exigentes como ‘Platoon’ o ‘Nacido el 4 de julio’ le otorgaba la autoridad necesaria para someter al elenco a una disciplina estricta. Sin su intervención directa, la autenticidad física que impregna cada escena principal habría sido imposible de replicar mediante la mera interpretación.

Seis días de barro, raciones y agotamiento

El campamento de entrenamiento militar diseñado por Dale Dye duró seis días completos de aislamiento y esfuerzo físico sin concesiones para las estrellas de la función. El reparto, que incluía a intérpretes como Edward Burns, Adam Goldberg, Barry Pepper y Giovanni Ribisi, tuvo que dormir sobre hierba y barro húmedo en condiciones de campaña. Durante esas jornadas interminables, los actores comieron exclusivamente raciones militares y practicaron maniobras tácticas de pelotón bajo las órdenes directas del exmarine. El actor Edward Burns calificó aquella vivencia con los años como la peor experiencia de su vida, reflejando el nivel de desgaste al que se enfrentaron. Tom Hanks reconoció públicamente que aquel rigor fue imprescindible al declarar que no querían fingir el cansancio y que el trabajo de Dye impregnó toda la película.

Cuerpo de Marines de EE.UU. / Sgto. Ethan E. Rocke, dominio público

La calculada exclusión de la estrella

Mientras el resto del pelotón sufría las penalidades del campamento de entrenamiento, Matt Damon recibió una orden muy distinta por parte de la producción. El actor, que interpretaba al codiciado soldado Ryan que da título al largometraje, fue deliberadamente apartado del grupo por decisión expresa de Steven Spielberg. El propio Matt Damon confirmó en varias entrevistas posteriores que el director ejecutó esta maniobra para que sus compañeros le guardaran rencor real antes de empezar a rodar juntos. Mientras el resto sufría las maniobras y se unía como un bloque, Damon se mantenía totalmente al margen de esas dinámicas de grupo, sin participar en ningún momento del campamento. En una aparición televisiva en el programa ‘The View’ en 1998, el actor relató cómo sus compañeros llegaron a jugar a las cartas en su ausencia durante esos días de preparación.

Un resentimiento genuino trasladado a la pantalla

La maniobra psicológica surtió efecto de inmediato cuando todo el elenco principal se reencontró por fin en el set de rodaje. El enfado acumulado por el reparto hacia el trato de favor que recibió Matt Damon no era una simulación interpretativa, sino un fastidio perfectamente genuino. La premisa argumental de la película gira precisamente alrededor del resentimiento de un pelotón que arriesga sus vidas para rescatar a un soldado que ni siquiera conocen ni valoran. Ese conflicto latente entre los personajes encontró una vía de expresión totalmente natural gracias a la tensión previa cultivada por Steven Spielberg fuera del set. Al final, la fricción entre el grupo y la estrella se convirtió en el pegamento emocional que sostiene la narrativa del filme sin necesidad de forzar los diálogos.

Un método que Spielberg no abandonó

El resultado de aquel experimento con el reparto no se quedó solo en una anécdota de rodaje: la película llegó a once nominaciones a los Premios Óscar de 1999 y se llevó cinco estatuillas, entre ellas la de mejor director para Spielberg, aunque el premio a mejor película se lo acabó llevando ‘Shakespeare enamorada’ en uno de los mayores batacazos de la historia de los Óscar. El propio Dale Dye no fue una colaboración puntual: Spielberg y Hanks volvieron a contar con él como asesor militar años después para las miniseries ‘Hermanos de sangre’ y ‘The Pacific’, repitiendo esencialmente la misma fórmula de entrenamiento real para sus repartos. La diferencia es que, en ninguna de esas dos producciones posteriores, hizo falta repetir el experimento con Matt Damon: el resentimiento de 1998, por una vez, solo tuvo que fabricarse una vez para quedar grabado en la película para siempre.

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

Ver perfil y más artículos de Ana Ferrer