En el verano de 1984, la industria del cine estadounidense tenía un problema que nadie había anticipado: dos de sus películas más taquilleras eran, para los estándares de la época, demasiado violentas para la calificación que llevaban, y demasiado familiares para la que les tocaría si subían de categoría. La solución no llegó de un comité ni de una campaña de padres indignados, aunque las quejas sí existieron. Llegó de una llamada telefónica que hizo el propio Steven Spielberg.
Dos estrenos con 16 días de diferencia
‘Indiana Jones y el templo maldito’, dirigida por Spielberg, se estrenó el 23 de mayo de 1984 con calificación PG, la misma que llevaban las películas familiares de la época. Contenía, entre otras escenas, un sacrificio ritual en el que a un hombre le arrancan el corazón todavía latiendo del pecho. Dieciséis días después, el 8 de junio, llegó ‘Gremlins’, producida (como productor ejecutivo) por el propio Spielberg y dirigida por Joe Dante, también con PG. Entre su violencia había un gremlin desintegrado en un microondas, otros apuñalados o incinerados, y un monólogo de Phoebe Cates sobre cómo su padre murió atascado en la chimenea de su casa disfrazado de Papá Noel. Ambas películas eran, formalmente, aptas para todos los públicos con supervisión de un adulto. El público y buena parte de la prensa especializada no estaban de acuerdo: los padres "inundaron a los estudios y a la MPAA de quejas", según recoge la cobertura de la época, argumentando que ambas películas merecían directamente una calificación R. El propio Jack Valenti, años después, señalaría la escena del corazón arrancado de ‘El templo maldito’ como el detonante concreto: "Para los estándares de hoy no es gran cosa. Pero en su momento resultaba bastante perturbador".
El sistema que se había quedado corto
Hasta ese verano, el sistema de calificación de la MPAA (Motion Picture Association of America) solo tenía cuatro categorías: G (apta para todos), PG (se recomienda supervisión de los padres), R (restringida a menores de 17 sin un adulto) y X. El salto entre PG y R era enorme, y llevaba años generando casos extraños —’Tiburón’ (1975), con sus propios momentos sangrientos, también había pasado con PG—, pero ninguno había concentrado tanta atención mediática como estas dos películas juntas, estrenadas con poco más de dos semanas de diferencia y ligadas al mismo nombre.
La llamada de Spielberg a Jack Valenti
Según el propio relato de Spielberg, publicado en distintas entrevistas a lo largo de los años, él mismo llamó a Jack Valenti, entonces presidente de la MPAA, para proponerle una salida: "Fue una especie de tormenta perfecta de películas que yo había producido o dirigido", explicó el director. "Le dije: consigamos una calificación que esté en algún punto entre PG y R". Spielberg incluso propuso él mismo el nombre de la nueva etiqueta, sugiriendo "PG-13" o "PG-14". Según su versión, Valenti "fue proactivo, estuvo completamente de acuerdo, y antes de que me diera cuenta ya había una calificación PG-13". El propio Spielberg ha reconocido en más de una entrevista la ironía de ser, a la vez, la causa y la solución: "Yo creé el problema y también aporté la solución (…) Yo inventé la calificación".
El proceso, normalmente lento en cualquier sistema regulador de una industria, fue excepcionalmente rápido: la MPAA introdujo oficialmente la calificación PG-13 el 1 de julio de 1984, menos de un mes después del estreno de ‘Gremlins’ y poco más de un mes después del de ‘El templo maldito’. La advertencia original rezaba: "Se aconseja encarecidamente a los padres dar una orientación especial para la asistencia de menores de 13 años; parte del material puede no ser apropiado para niños pequeños", un texto que se simplificaría en 1985 a la fórmula más breve que sigue usándose hoy.
Quién estrenó la nueva categoría
Ninguna de las dos películas que motivaron el cambio llegó a recalificarse: ambas conservaron su PG original, y así siguen apareciendo en los catálogos actuales. El honor, si puede llamarse así, de ser la primera película estrenada en cines con PG-13 en la historia le correspondió a ‘Amanecer rojo’ (‘Red Dawn’), el drama bélico de John Milius sobre una invasión soviética de Estados Unidos, que llegó a las salas el 10 de agosto de 1984, apenas cinco semanas después de que la categoría empezara a existir. La primera película en recibir formalmente la calificación fue en realidad otra, ‘The Flamingo Kid’, pero su estreno se retrasó varias semanas, así que ‘Amanecer rojo’ se adelantó en taquilla y se quedó con el titular.
Lo llamativo es que ni la polémica ni el cambio de normativa afectaron al éxito comercial de ninguna de las dos películas que lo provocaron: tanto ‘El templo maldito’ como ‘Gremlins’ terminaron 1984 entre las películas más taquilleras del año en Estados Unidos, solo por detrás de ‘Los cazafantasmas’. Cuarenta años después, el PG-13 se ha convertido en la calificación más buscada por los grandes estudios para sus estrenos de mayor presupuesto —es, con diferencia, la que más dinero mueve en taquilla—, precisamente por ocupar ese término medio entre lo familiar y lo adulto que en 1984 todavía no tenía ni nombre ni casillero propio.
