El 1 de septiembre de 2006 se cumplieron veinte años este mes. Ese día se estrenó ‘Idiocracy’, la comedia de ciencia ficción de Mike Judge (creador de ‘Beavis and Butt-Head’ y director de ‘Trabajo basura’) sobre un soldado mediocre que despierta 500 años en el futuro y descubre que, gracias a siglos de declive cultural generalizado, se ha convertido en el hombre más inteligente del planeta. Fue, en su momento, uno de los estrenos más silenciosos de la historia reciente de Hollywood — y no por accidente.
Una película que su propio estudio intentó que nadie viera
‘Idiocracy’ llegó a los cines exactamente en la fecha prevista, pero de una forma que ningún estudio elige para una película en la que confía: solo en siete ciudades (Los Ángeles, Atlanta, Toronto, Chicago, Dallas, Houston y Austin, la ciudad natal del propio Judge), y ampliándose después a un máximo de 130 salas — muy lejos de las 600 o más que definen un estreno amplio convencional. 20th Century Fox, la distribuidora, no organizó ningún pase de prensa, no produjo ningún tráiler, no hizo publicidad y ni siquiera repartió el habitual dossier de prensa a los medios. Solo hubo carteles en las propias salas. El resultado: una recaudación de 495.303 dólares frente a un presupuesto de 2,4 millones — casi cinco veces menos de lo invertido.
La teoría de Terry Crews: las marcas reales se asustaron
‘Idiocracy’ construye su futuro distópico a base de sátira corporativa muy concreta: Starbucks se ha convertido en un negocio de masajes con final feliz, Costco es prácticamente un culto religioso y todo, desde las fuentes de agua potable hasta el riego de los cultivos, funciona con Brawndo, una bebida energética ficticia que sustituye al agua porque, según el eslogan de la propia película, «tiene lo que las plantas necesitan». Terry Crews, que interpreta al presidente Camacho, explicó años después en GQ que varias de esas marcas reales habían cedido su nombre pensando que saldrían bien paradas, y que al ver el resultado final —y lo poco favorecedor del retrato— algunas intentaron dar marcha atrás cuando ya era demasiado tarde para retirar la película. Según su relato, Fox optó entonces por estrenarla «en el menor número de cines legalmente posible».
La otra versión: proyecciones de prueba desastrosas
Mike Judge nunca ha respaldado del todo la teoría de Crews en público. Su propia explicación apunta a otro motivo, más prosaico: las proyecciones de prueba de la película fueron tan negativas que Fox, según el director, decidió que la mejor salida comercial era tratarla como un producto pensado directamente para el mercado doméstico en DVD, replicando lo que ya había ocurrido con su anterior película, ‘Trabajo basura’ (1999) — otro fracaso de taquilla que se convirtió después en película de culto gracias al alquiler y la venta en vídeo. Sea cual sea la razón real, ambas versiones coinciden en el resultado: una comedia terminada, estrenada en la fecha prevista y, aun así, diseñada por su propio estudio para pasar completamente desapercibida.
Veinte años después, la referencia que nadie vio venir
Lo insólito de ‘Idiocracy’ es que, pese a nacer sin tráiler ni pases de prensa, consiguió reseñas favorables de la crítica ya en su estreno y no dejó nunca de circular: pases de medianoche, maratones de aniversario y, sobre todo, una presencia constante en la conversación cultural de los últimos veinte años como término de referencia para describir cualquier signo de deterioro intelectual o cultural colectivo — citada, según el momento y quien la use, desde ángulos completamente opuestos del espectro político. Es un recorrido casi de manual: una película que su propia distribuidora trató como un problema que resolver en silencio terminó siendo, dos décadas después, mucho más recordada y mencionada que la mayoría de los estrenos de aquel mismo septiembre de 2006 que sí tuvieron campaña, tráiler y cientos de salas desde el primer día.
