Hay escenas de cine que se recuerdan mejor que la película entera, y la persecución en moto de ‘La gran evasión’ (‘The Great Escape’, 1963) es una de ellas: Steve McQueen, con la cazadora de cuero y el salto final sobre la alambrada fronteriza, se convirtió en una de las imágenes más repetidas del cine de aventuras del siglo XX. Lo que pocos recuerdan es que esa persecución no solo no ocurrió nunca en la fuga real en la que se basa la película: tampoco la protagonizó un único actor, porque McQueen acabó también en el otro lado, disfrazado de soldado alemán, persiguiéndose a sí mismo.
Una escena que nunca existió en la fuga real
‘La gran evasión’ recrea la fuga masiva de 76 aviadores aliados del campo de prisioneros alemán Stalag Luft III, en la noche del 24 al 25 de marzo de 1944. De esos 76, solo tres lograron escapar de verdad; el resto fueron recapturados en días, y la fuga enfureció tanto a Hitler que ordenó fusilar a 50 de ellos, ejecutados solos o en parejas. Ninguno de los fugados reales utilizó jamás una moto, ni siquiera una bicicleta, para intentar escapar —y el reparto, mayoritariamente americano en la película, distorsiona también el origen real de los fugados, que no incluía a estadounidenses entre quienes lograron huir con éxito—. Cuando antiguos prisioneros de guerra vieron la película en su estreno, llegaron a abuchear la escena de la persecución en moto precisamente por eso: no tenía nada que ver con lo que habían vivido.
La fuga se organizó a una escala que el propio cine tuvo que simplificar para que cupiera en dos horas y media. Detrás de la operación estaba el oficial de las fuerzas aéreas británicas Roger Bushell, conocido en el campo como "Big X", que ya se había fugado dos veces de manos alemanas antes de terminar en Stalag Luft III. Bushell ideó un plan sin precedentes: no una fuga de un hombre, sino de doscientos, a través de tres túneles excavados a la vez y bautizados Tom, Dick y Harry, para que si los guardias alemanes encontraban uno o incluso dos, no sospecharan que existía un tercero. La noche de la fuga, 200 prisioneros intentaron salir por el túnel Harry; solo 76 llegaron a cruzarlo antes de que los guardias dieran la alarma. En la película, el personaje de Roger Bartlett que interpreta Richard Attenborough está basado directamente en Bushell, aunque, como el resto del reparto, la nacionalidad y el destino final de muchos personajes se alteraron respecto a los hechos reales.
Por qué está ahí de todos modos
La secuencia existe por un motivo muy simple: Steve McQueen era un motociclista apasionado fuera de la pantalla, y negoció su inclusión como condición para aceptar el papel de Virgil Hilts. El estudio accedió, aunque con un límite claro: no le permitirían arriesgar al protagonista en las acrobacias más peligrosas, así que la mayor parte de las cabriolas sobre dos ruedas las haría él mismo, pero no todas.
El actor que terminó persiguiéndose a sí mismo
Durante el rodaje de la persecución, surgió un problema inesperado: los especialistas contratados para interpretar a los soldados alemanes que perseguían a Hilts no conseguían seguirle el ritmo a McQueen sobre la moto, que llevaba años compitiendo en carreras de motocross en el desierto de California. La solución fue tan sencilla como extraña: en varias tomas, el propio McQueen se puso un uniforme alemán y condujo como uno de sus propios perseguidores, con el montaje final empalmando ambas versiones para que pareciera una persecución de varios hombres distintos. Los aficionados a las motos todavía afirman poder distinguir, por el estilo de conducción, en qué planos el soldado alemán es en realidad McQueen. Y hay más: también es él quien interpreta al soldado alemán que cae en la trampa de alambre que Hilts tiende a través de la carretera para robarle la moto, el mismo gesto que, segundos después en la trama, el propio Hilts/McQueen aprovecha para escapar.
El salto que sí tuvo que ceder a un doble
El único momento en el que McQueen no se salió con la suya fue, precisamente, el más famoso: el salto de la motocicleta sobre la alambrada fronteriza, de unos 20 metros de distancia. McQueen lo intentó en persona y se cayó, sin lesiones graves pero sin conseguir el salto. Fue entonces cuando entró en escena su amigo Bud Ekins, especialista y también motociclista de competición, al que McQueen había insistido en llevar expresamente a Alemania para el rodaje. Ekins completó el salto en una sola toma. McQueen, lejos de esconder el cambio, lo reconoció siempre abiertamente: "Siempre me sentí un poco culpable por eso. Mucha gente pensó que era yo quien hacía ese salto, pero nunca he intentado ocultar la verdad". El salto impulsó además la carrera de Ekins como especialista, que siguió trabajando en el cine hasta bien entrados los sesenta años. Como curiosidad final del rodaje, la pasión de McQueen por la velocidad no se limitó a la ficción: acumuló más de 40 multas por exceso de velocidad de la policía alemana durante el tiempo que duró el rodaje en Baviera.
