El 2 de mayo de 1999, en pleno rodaje de ‘Gladiator’ en Malta, Oliver Reed —el actor que interpretaba a Próximo, el exgladiador convertido en propietario de esclavos que entrena a Máximo— murió de un infarto a los 61 años. No fue en el plató, sino durante un descanso de filmación, y su muerte dejó varias escenas de su personaje sin rodar. Lo que la producción decidió hacer para terminarlas se convirtió, sin que nadie lo planeara así, en uno de los primeros grandes experimentos de doble digital de la historia del cine comercial.
Un «hellraiser» de los de verdad, no de postureo
Para entender por qué nadie se extrañó demasiado, al principio, de la historia de aquella tarde en el pub, hay que entender quién era Oliver Reed. Con una carrera de más de cuarenta años sobre los hombros, desde sus inicios con la productora Hammer en los primeros 60 hasta su consagración como el violento Bill Sikes en ‘Oliver!’ (1968, la adaptación musical dirigida por su propio tío, Carol Reed, que ganó el Oscar a mejor película), Reed había construido tanto una filmografía sólida —’Mujeres enamoradas’ (1969), ‘Los demonios’ (1971), Athos en ‘Los tres mosqueteros’ (1973) y ‘Los cuatro mosqueteros’ (1974)— como una reputación extracinematográfica que le precedió siempre: la de «hellraiser», el término con el que la prensa británica bautizó a él y a su círculo de amigos —entre ellos Richard Burton, Richard Harris y Peter O’Toole—, conocidos por protagonizar noches de borrachera legendarias que dejaban tras de sí habitaciones de hotel destrozadas y peleas de bar. En 1971, en pleno pico de popularidad, los exhibidores británicos lo votaron como el quinto actor más taquillero del país. Para buena parte de la crítica, de hecho, esa reputación terminó eclipsando en vida un talento que, a juicio de muchos, nunca llegó a explotarse del todo en pantalla.
Lo que pasó realmente aquella tarde en Valletta
Según reconstruyeron testigos y compañeros de reparto, Reed había prometido al director Ridley Scott no beber durante el rodaje, y lo había cumplido, limitando el alcohol a los fines de semana sin filmación. Aquel domingo, durante un descanso, coincidió en un pub de Valletta con un grupo de marineros de permiso del HMS Cumberland, y terminó metido en un pulso de bebida con ellos: según las crónicas de la época, llegó a beberse ocho pintas de cerveza, una docena de chupitos de ron, media botella de whisky y varias copas de coñac, además de ganar cinco pulsos de brazo seguidos contra los marineros. Se desplomó poco después y murió de camino al hospital, de un infarto provocado por el esfuerzo físico repentino sumado a la cantidad de alcohol ingerida.
Años después, su compañero de reparto Omid Djalili quiso matizar la versión que circuló en su momento, la de que Reed se había ido «como él hubiera querido»: «fue muy trágico», dijo, insistiendo en que Reed llevaba meses sin beber antes de empezar el rodaje y que aquella tarde se vio presionado a participar en el pulso de bebida, no que lo buscara.
El reto de terminar una película sin uno de sus actores principales
Reed ya había rodado la mayor parte de sus escenas como Próximo cuando murió, pero quedaban varias secuencias clave sin filmar, entre ellas algunas de la recta final de la película. La producción, en vez de recortar el personaje o reescribir el guion para prescindir de él, optó por una solución que en 1999 era prácticamente inédita a esa escala: completar las escenas pendientes combinando metraje ya grabado, un doble de cuerpo y la cara de Reed superpuesta digitalmente mediante CGI. El resultado, apenas un par de minutos de metraje final, costó alrededor de 2 millones de libras —una cifra enorme para tan poco tiempo en pantalla, y que da una idea de lo artesanal y experimental que era todavía esa tecnología en aquel momento, años antes de que este tipo de recursos se normalizara en el cine con presupuesto.
El reconocimiento que llegó después de su muerte
‘Gladiator’ se dedicó a la memoria de Oliver Reed, y el trabajo que había dejado grabado como Próximo fue reconocido ese mismo año con una nominación póstuma al BAFTA a mejor actor de reparto, además de compartir con el resto del reparto la nominación al premio del Sindicato de Actores a la mejor interpretación conjunta. La película, por su parte, acabó ganando cinco Oscar, incluido el de mejor película, consolidando a ‘Gladiator’ como una de las grandes producciones históricas de su década —con la ausencia de uno de sus actores clave resuelta, literalmente, a base de tecnología que todavía estaba dando sus primeros pasos.
Un cuarto de siglo después, con el doble digital convertido en una herramienta habitual del cine moderno —desde resurrecciones de actores fallecidos hasta efectos de rejuvenecimiento—, lo que se hizo con las escenas pendientes de Reed en 1999 sigue siendo uno de los primeros casos documentados de esa técnica usada para terminar, no para mejorar, la actuación real de un actor que ya no podía volver al plató.
