Había leído ‘El guardián entre el centeno’ con dieciséis años, como se supone que hay que leerlo, y lo recordaba como la novela del adolescente insufrible que se queja de que todo el mundo es ‘falso’. Lo he vuelto a leer ahora, pasados los treinta, esperando encontrarme exactamente eso: un retrato un poco pesado de una rabia que ya no comparto. No ha sido así. Esta vez lo que he visto no es un adolescente insoportable, sino alguien profundamente roto que no tiene ni el vocabulario ni el permiso para decir que está roto, y que lo disfraza de desprecio hacia todo lo que le rodea porque es la única defensa que conoce.
Un libro que su propio autor dejó de poder controlar
J.D. Salinger publicó la novela en 1951, con 31 años, después de casi una década escribiéndola a ratos entre medias de otros relatos. Nada en su carrera anterior le había preparado para lo que vino después: el libro se convirtió en un fenómeno inmediato, selección del Book of the Month Club, y hoy lleva vendidos más de 65 millones de ejemplares en todo el mundo. Pero el éxito no le sentó bien a Salinger. Tras la publicación se volvió cada vez más reacio a la exposición pública, se trasladó a una granja en Cornish, Nuevo Hampshire, y pasó el resto de su vida —murió en 2010— evitando entrevistas, fotografías y, sobre todo, cualquier intento de llevar a Holden Caulfield a la pantalla. Rechazó, uno tras otro, a directores y productores de la talla de Billy Wilder, Samuel Goldwyn, Steven Spielberg y Harvey Weinstein: ninguno consiguió ni una sola vez los derechos. Llegó a escribir, sin rodeos, que consideraba el libro «no apto para tratamiento cinematográfico».
El libro más censurado de las aulas americanas
Lo curioso es que, mientras Salinger se escondía del mundo, su libro se convertía en el centro de una guerra cultural completamente distinta: entre 1961 y 1982 fue, según los registros de bibliotecas y centros educativos, el libro más censurado en institutos y bibliotecas de Estados Unidos. Un profesor de Tulsa fue despedido en 1960 por mandarlo leer a sus alumnos; en 1978, la junta escolar de Issaquah (Washington) llegó a prohibirlo, decisión que se revocó poco después tras la destitución de varios de sus miembros. Las razones siempre eran las mismas: lenguaje vulgar, contenido sexual, y la acusación de fomentar la rebeldía contra la autoridad de los padres — es decir, exactamente lo que convierte a Holden Caulfield, 70 años después, en un personaje que sigue resultando incómodo de verdad, no solo nostálgico.
Por qué merece una segunda lectura, no solo la primera
Creo que ‘El guardián entre el centeno’ es de esos libros que se leen mal la primera vez, precisamente porque se leen a la misma edad que tiene su protagonista: es difícil ver con claridad el dolor de alguien cuando tú mismo estás todavía dentro de esa misma rabia. Leído de adulta, cambia por completo: ya no es un libro sobre lo falso que es el mundo adulto, es un libro sobre un chico de diecisiete años que acaba de perder a su hermano pequeño y que nadie a su alrededor sabe —o quiere— ayudar a sostener. Que siga siendo una lectura obligatoria en tantos institutos, siete décadas después, dice bastante de lo bien que envejece esa herida concreta.
¿Lo leísteis de adolescentes y os parecía inaguantable, o fue de los libros que de verdad os marcó en su momento? Yo creo que esta segunda lectura me ha gustado más que la primera, y no sé si eso dice algo bueno o malo de mí.
