Hay debuts literarios y hay debuts literarios. ‘El nombre de la rosa’ es de los segundos: la primera novela de un autor de 48 años que hasta entonces se había dedicado por completo a la vida académica, y que terminó convirtiéndose en una de las obras más vendidas de la segunda mitad del siglo XX. La escribió Umberto Eco, catedrático de semiótica en la Universidad de Bolonia, y la publicó en 1980 sin que nadie, empezando por él, esperara lo que iba a pasar después.
Un semiólogo escribiendo su primera novela a los 48 años
Antes de 1980, Eco no era conocido como novelista, sino como uno de los pensadores más influyentes en el estudio de los signos y el lenguaje: había sido profesor visitante en Yale, Columbia y la Universidad de Florencia, y llevaba años publicando ensayos académicos como ‘Obra abierta’ (1962) o ‘Tratado de semiótica general’ (1975). ‘El nombre de la rosa’ fue su primera incursión en la ficción, y la construyó apoyándose directamente en su otra gran especialidad: era medievalista de formación, y trasladó ese conocimiento a una trama ambientada en un monasterio benedictino del norte de Italia en 1327, donde el fraile franciscano Guillermo de Baskerville, acompañado de su joven ayudante Adso, investiga una cadena de muertes que parecen estar relacionadas con un libro prohibido en la biblioteca de la abadía.
Un homenaje escondido en cada nombre
La novela está construida como una caja de referencias que premian al lector que las reconoce, sin castigar al que no. El propio nombre del protagonista, Guillermo de Baskerville, es un guiño doble: evoca a la vez al filósofo medieval Guillermo de Ockham (el de la célebre navaja) y a Sherlock Holmes, a través de ‘El sabueso de los Baskerville’ de Arthur Conan Doyle —varios pasajes que describen al personaje recuerdan de forma deliberada a las descripciones que Doyle hacía de Holmes—. Hay también un tributo directo a uno de los grandes referentes literarios de Eco: el monje ciego y bibliotecario Jorge de Burgos está inspirado en Jorge Luis Borges, que como el personaje vivió consagrado a los libros y también se quedó ciego en la vejez; la propia biblioteca laberíntica de la abadía remite directamente al cuento de Borges ‘La biblioteca de Babel’.
De ensayo académico a fenómeno de ventas mundial
Nada en el perfil de Eco hacía prever el éxito que tuvo el libro. ‘El nombre de la rosa’ ha vendido más de 50 millones de copias en todo el mundo, lo que la convierte en una de las novelas más vendidas jamás publicadas, y ganó el Premio Strega en 1981 y el Prix Médicis Étranger en 1982, además de ocupar el puesto 14 en la lista de Le Monde de los 100 libros del siglo. En España se tradujo por primera vez de la mano de Lumen, sello que sigue publicándola hoy. El éxito llegó pese a —o quizás gracias a— su dificultad: es una novela con largas digresiones teológicas, debates filosóficos en latín sin traducir y una trama que exige atención, algo que en su momento sorprendió a la propia industria editorial, poco acostumbrada a que un libro así se convirtiera en un fenómeno de masas.
El salto al cine y la crítica que Eco nunca ocultó
En 1986 llegó la adaptación cinematográfica, protagonizada por Sean Connery como Guillermo de Baskerville, con F. Murray Abraham y un jovencísimo Christian Slater como Adso. La película sigue el argumento central de la novela, pero deja fuera buena parte de las capas filosóficas e históricas que la sostienen, algo que Eco comentó abiertamente en distintas entrevistas a lo largo de los años. Más de tres décadas después, en 2019, la historia volvió a adaptarse en formato de miniserie de televisión, esta vez con más margen para recuperar parte de esa complejidad que el formato de dos horas de cine no podía abarcar. Eco seguiría escribiendo ficción el resto de su vida —su siguiente novela, ‘El péndulo de Foucault’ (1988), sobre tres editores que acaban obsesionados con una conspiración esotérica que ellos mismos han inventado como juego, es su otro gran título—, pero nunca volvió a repetir un fenómeno de ventas a la altura de su ópera prima.
Si os gustan las novelas históricas con un misterio real detrás, pero os cuesta entrar en clásicos más densos, ‘El nombre de la rosa’ sigue siendo, cuarenta y cinco años después, una de las mejores puertas de entrada al género. ¿La habéis leído ya, o es de esas eternas pendientes que dan un poco de respeto?
