Hay autoras a las que sigo por costumbre y autoras a las que sigo porque me dan miedo. Andrea Abreu está en el segundo grupo. Cuando en 2020 publicó ‘Panza de burro’ con apenas 25 años, escrita casi enteramente en el habla real de un pueblo del norte de Tenerife, sin suavizarla ni traducirla para un lector peninsular, pensé que sería difícil que volviera a arriesgar tanto. Seis años después, con ‘Pajaritos preñados’ (Anagrama), acaba de demostrar que aquello no fue un golpe de suerte de debutante: es, sencillamente, cómo escribe.
La novela sigue a Cathaysa, que cumple dieciséis años en un barrio de cuestas empinadas envuelto en la bruma del norte de la isla, en un sitio donde, según la propia editorial, ‘todo ocurre demasiado rápido y, sin embargo, nunca nada cambia’. A su historia se le suma la de El Tiznado, su padre, un hombre hedonista marcado por la precariedad y la culpa. Las dos voces avanzan en paralelo, acompañadas por un coro de vecinas que todo lo ven desde las ventanas y de hombres que todo lo callan desde los bares — una estructura coral que, por lo que llevo leído, es lo que hace que el libro no se sienta nunca como un simple regreso a fórmula.
Lo que de verdad distingue a Abreu, y lo que ‘Pajaritos preñados’ vuelve a poner sobre la mesa, es su relación con el lenguaje: recoge la oralidad canaria y la desborda hasta convertirla en materia literaria propia, sin nota a pie de página ni glosario que le pida perdón a nadie por ello. Es una escritura que, cuando funciona —y aquí funciona—, no se lee tanto como se escucha.
No hablo de una autora emergente al azar. ‘Panza de burro’ ganó el Premio Dulce Chacón de Narrativa, fue reconocida como el mejor debut en español en el Festival du Premier Roman de Chambéry, en Francia, y terminó traducida a una treintena de idiomas con más de 100.000 ejemplares vendidos solo en español, doce reimpresiones y los derechos de adaptación al cine ya vendidos. Son cifras poco habituales para una primera novela escrita en un dialecto insular muy marcado, y son la prueba de que lo que Abreu hace no es un ejercicio de nicho: conecta.
‘Pajaritos preñados’ salió a la venta el pasado 2 de septiembre, tiene 504 páginas y tanto la crítica especializada como otras autoras con las que comparte generación —Irene Solà, Selva Almada, María Fernanda Ampuero— ya la están señalando como la confirmación de que Abreu es una de las voces más interesantes de la literatura española de este siglo, no solo una revelación pasajera. Yo todavía la estoy leyendo, despacio, a propósito, porque no quiero que se me acabe demasiado rápido. ¿Alguien más se ha lanzado ya con ella, o la estáis dejando reposar en la mesita de noche como yo?
