‘King Kong’ se estrenó el 2 de marzo de 1933 en el Radio City Music Hall de Nueva York, y en sus primeros cuatro días recaudó casi 90.000 dólares solo en esa ciudad, una cifra enorme en plena Gran Depresión. Pero la versión que el público vio aquella noche no era exactamente la película que su productor, Merian C. Cooper, tenía montada semanas antes. Faltaba una escena. Y esa escena, con toda probabilidad, no ha vuelto a verla nadie desde entonces.
Los hombres que caían a un pozo lleno de monstruos
En el guion original, cuando Kong hace caer a los marineros del tronco que cruza el barranco de la Isla Calavera, los que sobreviven a la caída no mueren del golpe: aterrizan en un pozo de barro y son devorados por un grupo de criaturas gigantes —entre ellas, una araña monstruosa— animadas con la misma técnica de stop-motion fotograma a fotograma que Willis O’Brien había usado para dar vida al propio Kong y a los dinosaurios de la isla. La llamada «spider pit sequence» (secuencia de la fosa de las arañas) estaba pensada como uno de los momentos más terroríficos de toda la película.
Nunca llegó a los cines. Cooper decidió eliminarla del montaje final antes del estreno, y él mismo explicó después por qué: consideraba que la escena «detenía la historia», que rompía el ritmo de la película justo en uno de sus tramos más tensos. El compositor Max Steiner, responsable de la banda sonora, nunca llegó a ponerle música —una prueba indirecta de que la secuencia se cortó antes de completar el proceso de posproducción habitual.
Una leyenda con más preguntas que respuestas
Alrededor de la escena cortada circula una historia clásica del Hollywood de la época: que se llegó a proyectar en un pase de prueba, y que el público reaccionó con tanto pánico —gente abandonando la sala, gritos por encima incluso de los gritos de los propios marineros moribundos en pantalla— que los estudios decidieron retirarla antes del estreno general. Un periódico de la época, el New York Times, llegó a publicar en enero de 1933 que Cooper había «desechado una de sus mejores escenas, en la que varios hombres son arrojados vivos a un abismo lleno de arañas prehistóricas».
Pero cuanto más se investiga, menos sólida resulta esa versión. Historiadores del cine llevan décadas sin ponerse de acuerdo sobre si la secuencia llegó a proyectarse realmente ante un público general, o si ese pase de prueba, si existió, fue solo para un grupo reducido de ejecutivos del estudio. Tampoco hay consenso sobre cuánto se llegó a rodar ni lo acabada que estaba: hay quien sostiene que se filmó una versión prácticamente completa, y quien defiende que nunca pasó de ser una prueba técnica inacabada. Lo único que no se discute es que, sea cual sea la versión correcta, el resultado es el mismo: no se conserva ningún fotograma.
Lo único que queda: bocetos, fotos de producción y una reconstrucción setenta años después
De la secuencia original solo han sobrevivido materiales indirectos: algunos dibujos conceptuales y fotografías fijas tomadas durante el rodaje, el tipo de documentación que cualquier gran producción generaba de forma rutinaria antes de que la cámara empezara a rodar de verdad. Ningún negativo, ninguna copia, ningún fragmento de la propia filmación ha aparecido jamás, ni en los archivos de RKO ni en ningún otro lugar. Para los estándares del cine perdido de la época muda y el primer sonoro —un problema que afecta a buena parte de la producción de los años veinte y treinta—, la fosa de las arañas de ‘King Kong’ es uno de los casos más citados y, a la vez, más deliberadamente envuelto en incertidumbre, porque ni siquiera está claro si lo que se perdió fue una escena acabada o un experimento que nunca llegó a serlo del todo.
En 2005, cuando Peter Jackson estrenó su propio remake de ‘King Kong’, su equipo de efectos en Weta Workshop decidió reconstruir la secuencia desde cero, basándose en esos bocetos y fotografías originales y en las técnicas de stop-motion disponibles en 1933, como ejercicio de recreación histórica. El resultado, de unos tres minutos de duración, se incluyó como contenido extra en ediciones posteriores de la película original. Es, hasta la fecha, lo más cerca que nadie ha estado de ver la escena que el público de 1933 jamás llegó a presenciar —o que, según la versión que se prefiera creer, presenció una sola vez antes de que desapareciera para siempre.
El hombre que hizo caminar a un gorila de 46 centímetros
La propia existencia de la secuencia perdida dice mucho del nivel de ambición técnica de toda la película. Willis O’Brien llevaba animando criaturas fotograma a fotograma desde 1916, cuando Thomas Edison en persona, tras ver sus primeros experimentos, le encargó una serie de cortometrajes. Para ‘King Kong’, O’Brien y su equipo —entre ellos Marcel Delgado, encargado de construir las propias figuras articuladas— dieron vida no solo al gorila protagonista, de poco más de 45 centímetros de altura en sus maquetas, sino a todos los dinosaurios y criaturas prehistóricas que poblaban la Isla Calavera, incluidas las que habrían aparecido en la fosa de las arañas. Cada segundo de pantalla podía suponer días enteros de trabajo, moviendo las figuras milímetro a milímetro entre fotograma y fotograma.
Ese nivel de artesanía explica también por qué la noticia del estreno corrió tan rápido: según la prensa especializada de la época, unas 50.000 personas vieron la película solo en su primer día en el Radio City Music Hall, cifra que convirtió a ‘King Kong’ en un fenómeno inmediato para una RKO que atravesaba dificultades económicas serias en plena Depresión. La escena que nadie volvería a ver había costado tiempo, dinero y semanas de animación artesanal — y aun así, Cooper prefirió sacrificarla por el bien del ritmo de la película.
