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La verdad detrás del plano bajo la lluvia y la insalubre tubería de ‘Cadena perpetua’

El icónico plano final de 'Cadena perpetua' y la desesperada huida por el alcantarillado esconden un rodaje mucho más desagradable de lo que aparentan en pantalla.

La verdad detrás del plano bajo la lluvia y la insalubre tubería de 'Cadena perpetua'

Mike Sharp / Wikimedia Commons (CC BY-SA)

La huida de Andy Dufresne a través de una tubería de aguas residuales hasta alcanzar la libertad es uno de los momentos más recordados de la historia del cine. Lo que el espectador suele pasar por alto al contemplar esta secuencia es que las condiciones físicas a las que se enfrentó el equipo técnico y artístico superaron con creces cualquier expectativa de atrezo cinematográfico. La intrahistoria de esta secuencia demuestra que el realismo en el cine a veces exige cruzar límites verdaderamente desagradables para lograr perdurar en la memoria colectiva de los espectadores.

El líquido real y tóxico por el que se arrastró el protagonista

El actor Tim Robbins tuvo que arrastrarse por un espacio lleno de sustancias que nada tenían que ver con los efectos visuales habituales en la industria de Hollywood. El propio intérprete confirmó años después que el elemento que inundaba el tramo no era un compuesto inofensivo preparado en los estudios, sino excrementos de origen animal. El director Frank Darabont corroboró esta versión al explicar que el set improvisado utilizaba un arroyo real cercano repleto de residuos biológicos de ganado. Las declaraciones de los responsables apuntaban directamente a que el actor principal terminó completamente impregnado de orina de vaca durante las tomas más exigentes. Para evitar una crisis sanitaria de proporciones mayúsculas, los técnicos construyeron un dique temporal con el fin de elevar el caudal y verter grandes cantidades de agentes esterilizantes directamente en el agua. Aquella medida desesperada pretendía asegurar que Tim Robbins no contrajera ninguna enfermedad grave tras sumergirse en aquel improvisado cauce rural.

El milagro técnico de un plano final que estuvo a punto de perderse

La escena culminante donde el protagonista alza los brazos bajo la tormenta para celebrar su recién estrenada libertad casi se queda fuera del montaje definitivo por culpa de un fallo mecánico. Durante las diferentes jornadas de grabación de este segmento, todas las tomas realizadas por el equipo de cámara acabaron saliendo completamente desenfocadas debido a las dificultades técnicas del momento. Únicamente la última repetición técnica logró capturar la nitidez necesaria para formar parte del celuloide definitivo que hoy conoce el público. El realizador Frank Darabont describió aquel acierto puntual como un instante glorioso dentro de unas jornadas maratonianas marcadas por la incomodidad constante. Salvar aquel material fotográfico permitió sellar una de las imágenes más icónicas de la cultura popular de la década de los noventa. El contraste entre la dureza del entorno físico y la catarsis emocional del personaje configuró un equilibrio visual difícil de replicar en producciones posteriores.

Columbia Pictures / Castle Rock Entertainment

La condena y resurrección del edificio penitenciario real en Ohio

Las instalaciones que sirvieron como telón de fondo para la ficción corresponden al Ohio State Reformatory situado en la localidad estadounidense de Mansfield. Aquel complejo carcelario había cerrado sus puertas de forma definitiva apenas tres años antes de que arrancara la producción cinematográfica en 1993. De hecho, los planes iniciales de las autoridades locales contemplaban la demolición total del recinto arquitectónico antes de que la productora interviniera para retrasar los derribos. El impacto cultural posterior a la llegada de la obra a las salas comerciales alteró por completo el destino urbanístico del lugar. Mientras gran parte de los anexos fueron derribados tal como estaba previsto, el bloque principal de celdas y el edificio administrativo consiguieron salvarse de las excavadoras gracias al fervor turístico generado. Un reportaje publicado por The New York Times en 2014 cifró en más de 18.000 los visitantes anuales atraídos por el legado visual del largometraje. Incluso el famoso roble donde el personaje de Red localiza el mensaje oculto final se encuentra ubicado dentro del Malabar Farm State Park, también en el estado de Ohio y muy lejos del ficticio estado de Maine.

Un guion exprés gestado por un dólar y un reparto que pudo ser completamente diferente

El cineasta Frank Darabont redactó el libreto adaptado en apenas ocho semanas tras adquirir los derechos de la obra original de Stephen King por una compensación simbólica de un dólar. Este acuerdo se enmarca dentro del conocido programa de cesiones económicas que el propio literato concede habitualmente a realizadores noveles interesados en proyectos independientes. Años más tarde, cuando el largometraje acumuló cifras notables de recaudación y reconocimiento comercial, el director intentó compensar al autor enviándole un talón por valor de 5.000 dólares que el escritor jamás llegó a cobrar como muestra de amistad profesional. Antes de que este equipo técnico asumiera el control creativo, el productor Rob Reiner llegó a poner sobre la mesa una oferta de 2,5 millones de dólares con la intención de ponerse al frente del proyecto. Sus planes originales pasaban por contar con Tom Cruise en el papel principal y con Harrison Ford encarnando al recluso veterano. El abandono de Tom Cruise al dudar de la implicación del director abrió finalmente la puerta para que Frank Darabont debutara oficialmente tras las cámaras. Como anécdota adicional sobre el rodaje, el actor Morgan Freeman pasó nueve horas lanzando una pelota de béisbol en el patio durante una secuencia concreta, lo que le obligó a presentarse al día siguiente con el brazo en cabestrillo debido a la fatiga muscular acumulada.

Ana Ferrer

Ana es la firma de PlotTwist para la crítica cultural: reseñas de libros y críticas de cine de autor, siempre con un ojo puesto en lo que la obra dice del momento que vivimos.

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