Durante años evité ‘Moby Dick’ por el mismo motivo que la evita la mayoría: la fama de ser un ladrillo decimonónico sobre un barco y una ballena. Lo que no sabía es que la historia real detrás del libro es, en realidad, mucho más interesante que cualquier prejuicio que tuviera sobre él — y bastante más triste.
Un fracaso casi total en su momento
Cuando Herman Melville publicó ‘Moby Dick’ en 1851, el libro fue un fracaso comercial casi absoluto. La edición británica, de apenas 500 ejemplares, no llegó a vender ni 300 en los primeros cuatro meses. En Estados Unidos, la editorial Harper’s imprimió 2.915 copias: se vendieron unas 1.500 en los primeros once días, y después las ventas prácticamente se pararon — menos de 300 copias en todo el año siguiente. Para cuando Melville murió, en 1891, ‘Moby Dick’ llevaba años descatalogada. Murió sin saber que había escrito uno de los grandes libros de la literatura estadounidense.
Cuarenta años después, nadie se acordaba de él
Tras el fracaso del libro, Melville prácticamente abandonó la escritura como forma de vida y pasó casi dos décadas trabajando como inspector de aduanas en el puerto de Nueva York, un empleo anodino y alejado por completo de la literatura. No fue hasta los años veinte del siglo pasado, coincidiendo con el centenario de su nacimiento en 1919, cuando críticos como Raymond Weaver — que publicó la primera biografía de Melville en 1921 — empezaron a reivindicar su figura y su obra. Ese movimiento, conocido hoy como el "Melville Revival", es el motivo por el que ‘Moby Dick’ existe hoy en cualquier lista de grandes novelas: durante setenta años, prácticamente nadie la leyó.
Por qué merece la pena leerla sabiendo esto
Lo que hace que ‘Moby Dick’ me parezca distinta ahora no es solo la trama — la obsesión del capitán Ahab por la ballena blanca que le arrancó una pierna — sino todo lo que el libro se permite ser por el camino: un tratado casi enciclopédico sobre la industria ballenera, un ensayo filosófico sobre la obsesión y el destino, y, de fondo, la historia de un escritor que se adelantó tanto a su época que tuvo que morir para que alguien se diera cuenta. Es un libro exigente, no os voy a engañar, pero leerlo sabiendo que casi desaparece del todo le da una capa extra de interés que no tiene ningún otro clásico que haya leído últimamente. Melville tenía solo 31 años cuando lo publicó, ya con cierto nombre gracias al éxito comercial de sus primeras novelas de aventuras marinas, ‘Typee’ y ‘Omoo’ — lo que hace aún más duro el contraste: el libro por el que hoy se le recuerda fue, en vida, el que lo hundió como escritor.
¿Hay algún libro que a vosotros también os diera pereza por fama de "tostón" y al final os sorprendiera? Me encantaría leer vuestras recomendaciones.
