Hay libros que uno cree conocer sin haberlos leído, y ‘El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’ es el ejemplo perfecto. Yo también pensaba que sabía de qué iba: un científico, una poción, un monstruo. Lo que no sabía es que la novela que tenemos hoy en las manos estuvo a punto de no existir nunca, porque la primera versión que escribió Robert Louis Stevenson terminó ardiendo en una chimenea.
Un sueño de fiebre y un manuscrito quemado
Stevenson escribió la historia en octubre de 1885, en Bournemouth, mientras se recuperaba de una enfermedad. Según contaría después su familia, la idea le llegó en un sueño tan vívido que, cuando su mujer, Fanny, lo despertó en mitad de la noche, él protestó: estaba soñando «un buen cuento de miedo». Redactó un primer borrador de unas 30.000 palabras en apenas tres o seis días. Pero cuando se lo enseñó a Fanny, ella lo criticó —según la versión más repetida, le pareció que estaba desaprovechando el potencial real de la historia al convertirla en un simple relato de terror— y Stevenson, tras la discusión, arrojó el manuscrito al fuego. Lo reescribió de nuevo casi entero en otros pocos días. Por raro que parezca, no es una leyenda sin ninguna base: todavía se conserva un borrador completo en la Morgan Library de Nueva York, con páginas adicionales repartidas entre Yale y Princeton, así que sabemos que hubo, como mínimo, más de una versión.
El vecino de Edimburgo que inspiró la doble vida
Lo que más me ha enganchado al releerlo es saber que Stevenson no se inventó la idea de la doble vida de la nada. Edimburgo, su ciudad natal, tuvo un caso real que encaja de forma inquietante con la novela: William Brodie, un respetado ebanista y concejal de la ciudad durante el día que, de noche, usaba su oficio para copiar las llaves de las casas de sus clientes más ricos y robarlas con una banda organizada. Lo condenaron a la horca en 1788 —en un cadalso que, según la tradición local, él mismo había ayudado a rediseñar poco antes—. La familia de Stevenson tenía, de hecho, un mueble construido por el propio Brodie en su casa de Heriot Row, y el propio autor ya había escrito antes una obra de teatro sobre él junto a su amigo W. E. Henley.
Cuando el actor protagonista fue sospechoso de ser Jack el Destripador
La novela se publicó en enero de 1886 y vendió cerca de 40.000 ejemplares en sus primeros seis meses, un éxito notable impulsado por una reseña favorable en ‘The Times’. Pero el episodio más extraño llegó después, con la adaptación teatral protagonizada por el actor estadounidense Richard Mansfield, que interpretaba él solo a ambos personajes, transformándose en escena ante el público. La obra se estrenó en Londres en agosto de 1888, y apenas unos días después aparecía la primera víctima de Jack el Destripador en el East End. Alguien llegó a escribir a la policía sugiriendo que ningún actor podía fingir una transformación tan convincente de caballero a asesino sin serlo de verdad. Mansfield nunca fue investigado oficialmente, pero la sola sospecha pesó tanto que acabó retirándose de la producción.
¿Hay algún clásico que vosotros también creíais conocer de oídas, y que al leerlo de verdad resultó ser una historia completamente distinta?
