Libros

Releí ‘El retrato de Dorian Gray’ y descubrí que el libro no solo escandalizó a la época: se usó literalmente para mandar a su autor a la cárcel

El clásico de Oscar Wilde escandalizó Inglaterra en 1890, pero lo que no sabía hasta ahora es que cinco años después un fiscal lo citó palabra por palabra en un tribunal para condenar al propio Wilde. Releerlo con ese contexto cambia por completo la lectura.

Releí 'El retrato de Dorian Gray' y descubrí que el libro no solo escandalizó a la época: se usó literalmente para mandar a su autor a la cárcel

Penguin Clásicos

Llevaba años con ‘El retrato de Dorian Gray’ en la estantería de los clásicos pendientes, de esos que uno da por sabidos sin haber leído de verdad. Lo retomé hace poco esperando una historia de vanidad y decadencia bien escrita, que ya es bastante, y me encontré con algo mucho más oscuro cuando empecé a tirar del hilo de cómo se publicó. Esta novela no solo escandalizó a la Inglaterra victoriana: se convirtió literalmente en una prueba de cargo contra su propio autor.

Un escándalo desde el primer día

‘El retrato de Dorian Gray’ se publicó por primera vez en julio de 1890, dentro de la revista estadounidense Lippincott’s Monthly Magazine. Antes de que saliera a la venta, el editor, J. M. Stoddart, recortó unas 500 palabras sin que Wilde lo supiera —pasajes que insinuaban demasiado abiertamente el deseo homosexual del personaje de Basil Hallward hacia Dorian—. Ni con los cortes sirvió de mucho: el Daily Chronicle escribió que la novela contenía "un elemento que envenenará cualquier mente joven", y el Scots Observer preguntó directamente por qué Wilde tenía que "ir a escarbar en montones de basura". La cadena de librerías WHSmith retiró todos los ejemplares de los quioscos de las estaciones de tren británicas.

Wilde reescribió su propio libro para suavizarlo, y no bastó

Para la edición en formato libro de 1891, Wilde no solo mantuvo los cortes de Stoddart: añadió capítulos nuevos (pasó de 13 a 20) y un prefacio hoy célebre defendiendo el arte por el arte, pero también siguió limando el texto para quitarle filo. La frase en la que Basil confesaba que "adoraba" a Dorian se convirtió en un lenguaje centrado en la inspiración artística, mucho más ambiguo. Pese a toda esa autocensura, el libro seguía siendo, para la mentalidad de la época, una prueba evidente de los gustos de su autor.

Napoleon Sarony / Wikimedia Commons

De novela escandalosa a prueba judicial

Lo que de verdad me dejó descolocado fue descubrir qué pasó cinco años después. En 1895, Oscar Wilde se enfrentó a tres juicios sucesivos, primero como demandante por difamación contra el marqués de Queensberry, y después como acusado de "indecencia grave" (el eufemismo legal británico para relaciones homosexuales). Durante los interrogatorios, la fiscalía leyó en voz alta ante el tribunal pasajes de la versión original de la revista de 1890 —la que Wilde ni siquiera había escrito del todo, por los cortes de Stoddart— y llegó a calificar la novela de "pervertida". El propio libro, con sus metáforas sobre la belleza y la corrupción que Wilde había defendido como pura ficción, se usó como si fuera una confesión disfrazada. El 25 de mayo de 1895, Wilde fue condenado a dos años de trabajos forzados, una pena que arruinó su salud y su carrera para siempre.

Leer hoy ‘El retrato de Dorian Gray’ sabiendo esto cambia por completo la experiencia. Ya no es solo una fábula gótica sobre la vanidad y el precio de la eterna juventud: es el testimonio de un escritor que intentó, una y otra vez, suavizar su propia voz para que el mundo la aceptara, y aun así no bastó para salvarlo. Recomiendo la edición de Penguin Clásicos, con traducción de Alejandro Palomas e introducción de Robert Mighall, que sitúa bien todo este contexto sin estropear la lectura. ¿Vosotros lo leísteis alguna vez sabiendo lo que pasó después con Wilde, o como yo, lo leísteis a secas?

Marco Duque

Marco es la firma de PlotTwist para las listas y los rankings de series y cultura pop: el tipo de contenido escrito como quien manda un audio nada más terminar un capítulo.

Ver perfil y más artículos de Marco Duque