En 1992, durante una reforma en el desván de una vivienda de Barcarrota, un pequeño municipio de la provincia de Badajoz, un obrero encontró un paquete de libros escondido dentro de un muro, protegido de la humedad con paja y ceniza. Los entregó a los dueños de la casa, y en 1995 la Junta de Extremadura adquirió el conjunto: diez libros impresos entre 1525 y 1554, más un manuscrito de la misma época. Hoy se conoce como la Biblioteca de Barcarrota, y entre esos diez volúmenes había uno que cambió lo que se sabía sobre una de las obras fundacionales de la literatura española: una edición del Lazarillo de Tormes impresa en 1554 en Medina del Campo, de la que no se tenía constancia hasta entonces.
Por qué alguien escondería libros dentro de una pared
Hasta el hallazgo de Barcarrota, se conocían tres ediciones del Lazarillo de 1554 (Burgos, Alcalá de Henares y Amberes), la primera novela picaresca de la literatura española, publicada de forma anónima. La de Medina del Campo, salida de las prensas de los impresores Mateo y Francisco del Canto, se convirtió de golpe en la cuarta. El motivo de que estuviera escondida no es un misterio: el Lazarillo fue incluido en 1559 en el Index Librorum Prohibitorum del Inquisidor General Fernando de Valdés, la lista oficial de libros prohibidos por la Inquisición española. Esconderlo, literalmente dentro de una pared, era la única forma segura de conservar un ejemplar sin arriesgarse a que se lo requisaran — o algo peor.
Un misterio que ha tardado más de 30 años en resolverse
Durante décadas, la identidad de quien escondió los libros fue un misterio sin resolver. La pista definitiva estaba dentro del propio paquete: una nómina (una especie de amuleto circular de papel, de apenas 11 centímetros de diámetro, con textos manuscritos en espiral) fechada en Roma el 23 de abril de 1551, en la que un amigo le escribía en italiano que la distancia no sería obstáculo para conservar su amistad. Ese objeto ha permitido, ya en 2026, identificar con nombre y apellido al dueño de la biblioteca escondida: Fernão Brandão, un hidalgo portugués de Évora perseguido por la Inquisición de su país por ser considerado «impío» y por practicar la sodomía. La investigación, obra del filólogo Pedro Martín Baños, se recoge en el libro La Biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernao Brandao (Universidad de Extremadura y Universidad Autónoma de Barcelona), presentado este mismo marzo de 2026 en la Biblioteca de Extremadura, en Badajoz, donde hoy se conserva —sin acceso público directo— toda la colección.
Una colección imposible de tener a la vista en el siglo XVI
El resto del paquete explica por qué Brandão necesitaba esconderlo entero, no solo el Lazarillo. Junto a la novela picaresca aparecieron el Alborayque, un panfleto satírico contra los judeoconversos; un ejemplar único de la Oración de la Emparedada en portugués, condenada por la Inquisición por su cercanía a la superstición; una edición latina de la Lingua de Erasmo de Róterdam, autor de referencia del erasmismo que tantos recelos levantaba entre los inquisidores; dos tratados de quiromancia; un pequeño manual de exorcismos; y un manuscrito italiano de contenido sexual explícito y homosexual, conocido como La Cazzaria. Vistos en conjunto, no parecen la biblioteca de un solo tipo de lector, sino la colección de alguien con curiosidad por casi cualquier cosa que la época consideraba peligrosa: censura religiosa, ciencias ocultas, erotismo y sátira política, todo junto y todo prohibido.
Un hallazgo que sigue dando sorpresas 33 años después
Lo insólito del caso de Barcarrota es que, más de tres décadas después del hallazgo original, la investigación sobre estos libros sigue activa y sigue arrojando novedades reales: no se trata de una vieja noticia cerrada, sino de un misterio que se ha ido resolviendo por capas, con la identidad de su dueño confirmándose recién este año. Los diez libros y el manuscrito están hoy digitalizados y pueden consultarse en la web de la Biblioteca de Extremadura, y varios de ellos —incluido el propio Lazarillo de 1554— se han reproducido en facsímil para que cualquiera pueda hojear, casi quinientos años después, exactamente lo mismo que escondió Fernão Brandão dentro de aquel muro.
