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La escena más famosa de ‘Lo que el viento se llevó’ se rodó antes de elegir a Scarlett O’Hara, quemando de verdad los decorados de otras películas

Para incendiar Atlanta en pantalla, David O. Selznick prendió fuego real a los decorados abandonados de su propio estudio, incluida la muralla de 'King Kong'. Esa misma noche conoció, por pura casualidad, a la mujer que acabaría siendo su Scarlett.

La escena más famosa de 'Lo que el viento se llevó' se rodó antes de elegir a Scarlett O'Hara, quemando de verdad los decorados de otras películas

Cuando se estrenó en diciembre de 1939, ‘Lo que el viento se llevó’ se convirtió en la producción más cara de la historia del cine hasta entonces, con permiso de ‘Ben-Hur’ (1925). Pero la escena que abre su segunda mitad, el incendio de Atlanta a manos de las tropas del general Sherman, no se rodó con ese presupuesto desbocado ni con el reparto ya elegido. Se rodó meses antes de que empezara oficialmente el rodaje, sin que nadie supiera todavía quién iba a interpretar a Scarlett O’Hara, y usando un truco tan drástico como práctico: quemar de verdad los decorados abandonados que ya tenía el propio estudio.

Una ciudad construida con los restos de otras películas

El productor David O. Selznick llevaba años acumulando decorados en el backlot de Selznick International en Culver City, restos de rodajes anteriores que ya no servían para nada. En vez de desmontarlos para hacer sitio a los grandes decorados que necesitaba —entre ellos la fachada de Tara, la plantación de los O’Hara—, decidió aprovecharlos una última vez: los cubrió con fachadas pintadas que simulaban las calles de Atlanta y les prendió fuego de verdad, con Selznick controlando en persona los mandos de las tuberías de gas que alimentaban las llamas. Entre esos decorados condenados a arder estaba, según coinciden varias fuentes especializadas en la producción, la gran muralla construida pocos años antes para ‘King Kong’ (1933), además de restos de ‘Rey de reyes’ (1927) y otras películas del estudio. Era, en la práctica, una solución de una eficacia brutal: en vez de pagar por desmontar decenas de construcciones que ya no servían para nada y levantar después los nuevos decorados desde cero, Selznick resolvía ambos problemas —despejar el terreno y filmar su secuencia más espectacular— con el mismo fuego.

El rodaje que empezó por el final, sin protagonistas

La secuencia se filmó la noche del 10 de diciembre de 1938, más de un mes antes de que arrancara el rodaje oficial de la película el 26 de enero de 1939. En ese momento, Selznick todavía no había elegido a su Scarlett: llevaba más de dos años de búsqueda pública, con 1.400 mujeres entrevistadas y una treintena de actrices sometidas a pruebas de cámara, entre ellas nombres tan conocidos como Paulette Goddard, que estuvo a punto de quedarse con el papel hasta que la polémica por su matrimonio, nunca confirmado públicamente, con Charlie Chaplin hizo que Selznick cambiara de idea. Así que, para la quema de Atlanta, se recurrió a dobles de cuerpo: ni Vivien Leigh ni Clark Gable aparecen realmente en esas tomas iniciales, que se integraron después en la película ya montada. El despliegue técnico fue igual de excepcional: se emplearon nueve cámaras distintas para cubrir el incendio desde todos los ángulos posibles, y entre ellas estaban las siete únicas cámaras Technicolor que existían en aquel momento en todo Hollywood, movilizadas a la vez para una sola noche de rodaje.

La noche en que Selznick conoció a su Scarlett entre las llamas

Lo que convierte esa noche de rodaje en una de las anécdotas más repetidas —y mejor documentadas— de la historia de Hollywood es lo que ocurrió junto al fuego, no delante de las cámaras. El agente Myron Selznick, hermano del productor y uno de los propietarios de Selznick International, llevó esa noche a presenciar el incendio a una joven actriz británica todavía prácticamente desconocida en Estados Unidos a la que representaba: Vivien Leigh. Según recoge la biografía de Margaret Mitchell escrita por Marianne Walker, con las llamas de fondo, Myron se acercó a su hermano y, señalando a Leigh, le dijo la frase que se ha convertido en leyenda: «Conoce a Scarlett O’Hara».

David Selznick llevaba en realidad siguiéndole la pista a Leigh desde febrero de 1938, después de verla en las películas británicas ‘Fuego sobre Inglaterra’ y ‘Un yanqui en Oxford’, y la propia actriz había pedido meses antes, a través de su agencia, que se la tuviera en cuenta para el papel. Pero fue aquella noche, iluminada por el fuego de los decorados que ardían de verdad, cuando el productor y la actriz se vieron cara a cara por primera vez. En una carta a su esposa escrita dos días después, Selznick reconoció que Leigh era «la dark horse de Scarlett» —la aspirante inesperada que nadie había situado entre las favoritas—. Tras una nueva ronda de pruebas de pantalla, esta vez sí en Technicolor, realizadas el 20 de diciembre junto a la otra gran finalista, Paulette Goddard, Leigh se enteró en privado de que el papel era suyo el día de Navidad de 1938. El anuncio oficial a la prensa, sin embargo, no llegó hasta el 13 de enero de 1939, apenas trece días antes de que arrancara el resto del rodaje —dos semanas de silencio en las que la actriz tuvo que guardar en secreto el papel que cambiaría su carrera para siempre.